81. Año 11 | 1.ª Ed. Quincenal May. 2026 | FIGU GARCÍA – El lugar de tu sombra

FIGU GARCÍA es un poeta de las Islas Canarias en España, ha escrito cuatro libros y participado en varias antologías de poesía y relatos en diferentes países de habla hispana. Su página web es www.Figugarcía.es. Tiene un perfil bastante activo en Instagram @Figu_garcía y se pueden escuchar sus poesías en formato de podcast tanto en Spotify como en Ivoox en el canal GEOGRAFÍAS DEL ALMA.

 

 

ABISMO

 

Un día…

Un día y sin tocarme,

me desordenaste el alma.

¡Qué absurdo! ¡Qué exacto!

¡Qué cruel precisión!

Y sin embargo aquel encuentro

se volvió carne entre los dos,

tu allí, sin gesto,

yo… mudo, absorto, sin respirar,

como una escena fuera de guion,

como un poema abatido,

sin nombre, sin lápida, sin testigos,

solo cal,

tinta reseca

bajo una tierra sin patria.

 

No me rozaste

pero me arrancaste la piel.

Y ahora, camino desnudo,

por una ciudad sin rostro

que no sabe de ti,

todo lo que toco

me recuerda lo que no fue,

todo me habla en pasado,

y todo sangra en su sitio

sin entender la locura.

 

Yo, ya no vivo,

yo reverbero —ausente—,

como una sombra maldita

de lo que jamás sucedió.

 

Nada me salva,

nada me alivia.

Nada me rompe más que yo.

 

Las calles son cicatrices enquistadas,

y ninguna conduce a ti

y ninguna conduce a mí,

solo se alejan, se pierden

tras esquinas que susurran,

por el hueco exacto de tu voz.

 

Qué ridículo es el mundo

cuando arde y nadie lo nota,

cuando rozo tu ausencia, y yo,

detrás de mis ojos,

persigo tus huellas en el agua que bebo,

como si respirarte aún fuera posible,

como si no supiera

—con toda el alma—

que ya estoy muerto de ti,

mientras sigues latiendo

donde el tacto calla

y los recuerdos arden,

como si aquello

a lo que llamamos amor,

no fuera sino una forma educada,

y precisa,

de decir abismo.

 

 

EL LUGAR DE TU SOMBRA

 

 

Escribo de ti,

para sentirte de nuevo en mis manos.

Soy un poeta, un mago, un chamán,

jugando al azar para ser dios.

Invoco tu nombre en palíndromos,

mezclo mi sangre con tinta,

tallo en el humo inasible

versos para conjurar tu cuerpo.

 

Pero mis brazos siguen vacíos

y la casa, no es sino un laberinto

de rumores con voz de ayer.

No hay pared que no guarde tu risa,

ni suelo, que no albergue tu sombra.

La cama hiede a marchita

cuando no sudan los cuerpos exactos.

La puerta…

la puerta chirría tu ausencia

engarzada a una estéril espera.

 

Y a nuestro jardín, sin pecado original,

ya no llegan las primaveras,

no hay brotes, ni pájaros,

no hay albor, ni savia bullendo,

los nidos están vacantes,

la alhucema perdió su canción.

La hierba despierta intranquila,

anhelando rozarte los pies.

Y aunque los vientos hablen tu lengua,

nunca regresan contigo.

 

No hay chamán,

no hay mago, no hay dios,

solo un poeta dolido que escribe,

para sentirte de nuevo en sus manos.

 

 

DE LA LLUVIA Y EL DESEO

 

Es un ciclo, una liturgia,

un ritual,

donde arden siglos de amantes

para volver a empaparnos.

 

La piel florece,

los labios se liban,

las ansias se derraman

en cascadas de sudor jadeante,

y su vapor,

—incienso de nubes remotas—

se tornará en lluvia

de la que beberán otros amantes,

sin saber, que beben memoria,

sin saber

que allá en sus lenguas

arde un suspiro nuestro.

 

Y el ciclo comenzará de nuevo:

un roce,

la fiebre,

su ofrenda de vapor sagrado…

 

Así gira la piel de este mundo:

de nube en nube,

de gota en gota,

de cuerpo a cuerpo

con la herida de no saber

qué fue lo primero,

si la lluvia a los cuerpos

o el deseo a las nubes.

 

Es un ciclo,

una liturgia,

un ritual,

donde arden siglos de amantes,

para volver a empaparnos.

 

 

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