FIGU GARCÍA es un poeta de las Islas Canarias en España, ha escrito cuatro libros y participado en varias antologías de poesía y relatos en diferentes países de habla hispana. Su página web es www.Figugarcía.es. Tiene un perfil bastante activo en Instagram @Figu_garcía y se pueden escuchar sus poesías en formato de podcast tanto en Spotify como en Ivoox en el canal GEOGRAFÍAS DEL ALMA.
ABISMO
Un día…
Un día y sin tocarme,
me desordenaste el alma.
¡Qué absurdo! ¡Qué exacto!
¡Qué cruel precisión!
Y sin embargo aquel encuentro
se volvió carne entre los dos,
tu allí, sin gesto,
yo… mudo, absorto, sin respirar,
como una escena fuera de guion,
como un poema abatido,
sin nombre, sin lápida, sin testigos,
solo cal,
tinta reseca
bajo una tierra sin patria.
No me rozaste
pero me arrancaste la piel.
Y ahora, camino desnudo,
por una ciudad sin rostro
que no sabe de ti,
todo lo que toco
me recuerda lo que no fue,
todo me habla en pasado,
y todo sangra en su sitio
sin entender la locura.
Yo, ya no vivo,
yo reverbero —ausente—,
como una sombra maldita
de lo que jamás sucedió.
Nada me salva,
nada me alivia.
Nada me rompe más que yo.
Las calles son cicatrices enquistadas,
y ninguna conduce a ti
y ninguna conduce a mí,
solo se alejan, se pierden
tras esquinas que susurran,
por el hueco exacto de tu voz.
Qué ridículo es el mundo
cuando arde y nadie lo nota,
cuando rozo tu ausencia, y yo,
detrás de mis ojos,
persigo tus huellas en el agua que bebo,
como si respirarte aún fuera posible,
como si no supiera
—con toda el alma—
que ya estoy muerto de ti,
mientras sigues latiendo
donde el tacto calla
y los recuerdos arden,
como si aquello
a lo que llamamos amor,
no fuera sino una forma educada,
y precisa,
de decir abismo.
EL LUGAR DE TU SOMBRA
Escribo de ti,
para sentirte de nuevo en mis manos.
Soy un poeta, un mago, un chamán,
jugando al azar para ser dios.
Invoco tu nombre en palíndromos,
mezclo mi sangre con tinta,
tallo en el humo inasible
versos para conjurar tu cuerpo.
Pero mis brazos siguen vacíos
y la casa, no es sino un laberinto
de rumores con voz de ayer.
No hay pared que no guarde tu risa,
ni suelo, que no albergue tu sombra.
La cama hiede a marchita
cuando no sudan los cuerpos exactos.
La puerta…
la puerta chirría tu ausencia
engarzada a una estéril espera.
Y a nuestro jardín, sin pecado original,
ya no llegan las primaveras,
no hay brotes, ni pájaros,
no hay albor, ni savia bullendo,
los nidos están vacantes,
la alhucema perdió su canción.
La hierba despierta intranquila,
anhelando rozarte los pies.
Y aunque los vientos hablen tu lengua,
nunca regresan contigo.
No hay chamán,
no hay mago, no hay dios,
solo un poeta dolido que escribe,
para sentirte de nuevo en sus manos.
DE LA LLUVIA Y EL DESEO
Es un ciclo, una liturgia,
un ritual,
donde arden siglos de amantes
para volver a empaparnos.
La piel florece,
los labios se liban,
las ansias se derraman
en cascadas de sudor jadeante,
y su vapor,
—incienso de nubes remotas—
se tornará en lluvia
de la que beberán otros amantes,
sin saber, que beben memoria,
sin saber
que allá en sus lenguas
arde un suspiro nuestro.
Y el ciclo comenzará de nuevo:
un roce,
la fiebre,
su ofrenda de vapor sagrado…
Así gira la piel de este mundo:
de nube en nube,
de gota en gota,
de cuerpo a cuerpo
con la herida de no saber
qué fue lo primero,
si la lluvia a los cuerpos
o el deseo a las nubes.
Es un ciclo,
una liturgia,
un ritual,
donde arden siglos de amantes,
para volver a empaparnos.