ISABEL PANTOJAS CRUZ (Río Grande, Puerto Rico, 2004) estudia Psicología en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Le apasiona cantar, escribir, leer y crear: usar el arte para decir lo que no se expresa fácilmente. Instagram: @isabel_pantojas
Uno para el Otro
A veces es mejor estar que decir que comparto tu dolor,
todos sabemos que no es así.
¿Y si dejamos de fingirlo?
Entraríamos en un espacio oculto, íntimo
donde pocos se atreven a mirar.
¿Qué hay más allá?
En pensamientos que se sienten míos,
pero no lo son.
De igual forma podemos hablarlo,
¿por qué no aprovechamos ese privilegio?
En esta sociedad de seriedad y rapidez,
la risa y la palabra son lo único que queda,
y tal vez no sean ciertas, honestas, o precisas,
incluso cuando nacen de malas intenciones.
Pero es el riesgo que se debe tomar;
para eso son los errores, el perdón y segundas oportunidades,
para que veas que estamos aquí.
Que elijo cargar con tu peso
aunque no me pertenece,
y así es como crece el calor humano.
Cuando lo dicho no sea suficiente… y lo llorado tenga su propia elocución,
me acercaré a escucharla y entenderé que no solo soy yo.
Hay tanto por decir y no hay suficientes dispuestos a prestar atención;
volteamos la mirada para que la culpa no nos carcoma los huesos,
pero ella nace el momento en que decidimos no ser uno para el otro.
Polvo
Escalofríos cuando pienso en tu capacidad
para arruinar todo lo que tocas con tus palabras.
El problema son mis expectativas:
creer que no te vas a adueñar
de todo lo que se impregna con tu voz
y pensamientos
Y si no escribo esto, implosiono.
Esta frustración nunca se había alojado en mi cuerpo.
Todo es nuevo
y aun así
me parte,
me resuena más tiempo de lo que debería.
Pero tú no puedes mirarte,
te aterra hallar
lo que fumiga tu alma desde adentro
hasta que desaparezca.
No quiero eso.
Nunca fue mi deseo.
Solo que vieras
las masas de emociones que hay a tu alrededor.
No habitas el centro
ni la periferia.
Yo tampoco.
Pero hago un esfuerzo por entender
que detrás de tus ganas de herir
se esconde un niño al que no miraron.
No es compasión,
es solo que veo en tus pupilas la debilidad
y por eso no puedo agarrarme del enojo por mucho tiempo.
Al final no importa
lo que consigas mañana o pasado.
Somos polvo
y a él volveremos.
Destiempo
Temo que la verdad salga en el silencio,
por eso mantengo el ruido.
No porque lo disfruto.
Ya sé que cuando termino lo que estoy haciendo
tomo una bocanada de aire, la expulso.
Detrás de mi suspiro se esconde mi ansiedad,
todo lo que me preocupa,
lo que hace que mis párpados pesen.
Ahí es cuando sale,
cuando recuerdo que hay más sin resolver.
Y me encuentro doblada,
esperando sentir un abrazo
mientras mis lágrimas caen en mis piernas.
En medio de esto sé que tengo que erguirme y seguir.
La vida no para,
pero yo sí.
Y ese es el problema:
nunca caemos en tiempo.