79. Año 11 | 1.ª Ed. Quincenal May. 2026 | OSCAR URIBE URETA – Sombra

OSCAR URIBE URETA (Santiago, Chile) es trabajador social y poeta. Su escritura, de raíz existencial, indaga en la memoria, el cuerpo y el paisaje como territorios simbólicos. Ha participado en publicaciones colectivas y en circuitos de difusión literaria. En octubre de 2025 dio a conocer la plaquette En búsqueda del aire de manera autogestionada; en diciembre del mismo año, el poemario En el límite de lo permanente, bajo la editorial Film Noir. Actualmente comparte su visión poética en su Instagram (@fragmentoscomoretazos).

 

 

Sombra

 

Entonces hundámonos en la noche

mientras cerramos los ojos

y las estrellas desaparecen.

 

No recordemos nada

ni lloremos los cuerpos abandonados.

 

Abramos el pecho

y brindemos.

 

Intentemos aparecer en el recuerdo

como una sombra veloz

en el escaparate

de una ciudad muerta.

 

Abordemos los besos

como poemas,

y no nos toquemos.

 

Guardemos la distancia

para no enloquecer de ti.

 

Mejor entonces

recorramos los dedos,

solo allí,

imaginando los contornos

los que me sostienen

hundido

en esta nostalgia.

 

No quiero nada,

a menos que termine.

 

Déjame escribirte,

que estas letras manchen tu boca

 

para seguir hundido,

 

rebanando esta garganta

mientras gotea

el vino.

 

 

 

 

Umbral

 

Pues acordemos

no buscarnos,

no ir hacia adentro

para intentar sonreír

cuando solo hay colgajo.

 

Tú y yo estamos cortados,

unidos por restos,

 

un corazón desgranado

que picoteamos

en nuestros ombligos.

 

Quizá ya no brillemos,

y yo, que salí de tu costado

como un rayo sangriento,

 

te llore

hasta anegarnos.

 

Contigo fui la madrugada,

el humo

y la lágrima,

 

mientras ningún reloj

cacareaba

 

y los garabatos

nos pegaban la lengua.

 

Es posible

que no acordemos,

ni siquiera recordarnos,

 

que seamos

el fantasma hermano

del miedo,

 

aun cuando en ese costado

otro cuerpo

haya cubierto la herida.

 

Pero incluso en esta mentira,

 

te oré,

te imploré

 

que aparezcas

como una flor

en la extrañeza

 

antes del amanecer.

 

 

 

Claridad

 

Mientras tanto

despeguemos

y cubrámonos de espejismos,

 

ese lugar ilusorio

entre la sábana

y las vértebras.

 

Te vi,

entregada al baile

mientras te quise,

 

y si te quise,

bailé contigo

o intenté

coordinarme a tu piel.

 

Escuchamos los pájaros caer

y vimos

pedazos de sol

sobre nosotros.

 

Yo dejé de cumplir,

tú te marchaste,

me olvidaste,

 

y me enrosqué

en la vergüenza.

 

Mientras tanto

nos perdíamos

 

en el nuevo día,

que se abría

como un tajo,

 

un hueco directo

en la memoria.

 

Crujió la casa,

 

y en las mejillas

la locura

dejo tu nombre

ardiendo.

 

 

 

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