OSCAR URIBE URETA (Santiago, Chile) es trabajador social y poeta. Su escritura, de raíz existencial, indaga en la memoria, el cuerpo y el paisaje como territorios simbólicos. Ha participado en publicaciones colectivas y en circuitos de difusión literaria. En octubre de 2025 dio a conocer la plaquette En búsqueda del aire de manera autogestionada; en diciembre del mismo año, el poemario En el límite de lo permanente, bajo la editorial Film Noir. Actualmente comparte su visión poética en su Instagram (@fragmentoscomoretazos).
Sombra
Entonces hundámonos en la noche
mientras cerramos los ojos
y las estrellas desaparecen.
No recordemos nada
ni lloremos los cuerpos abandonados.
Abramos el pecho
y brindemos.
Intentemos aparecer en el recuerdo
como una sombra veloz
en el escaparate
de una ciudad muerta.
Abordemos los besos
como poemas,
y no nos toquemos.
Guardemos la distancia
para no enloquecer de ti.
Mejor entonces
recorramos los dedos,
solo allí,
imaginando los contornos
los que me sostienen
hundido
en esta nostalgia.
No quiero nada,
a menos que termine.
Déjame escribirte,
que estas letras manchen tu boca
para seguir hundido,
rebanando esta garganta
mientras gotea
el vino.
Umbral
Pues acordemos
no buscarnos,
no ir hacia adentro
para intentar sonreír
cuando solo hay colgajo.
Tú y yo estamos cortados,
unidos por restos,
un corazón desgranado
que picoteamos
en nuestros ombligos.
Quizá ya no brillemos,
y yo, que salí de tu costado
como un rayo sangriento,
te llore
hasta anegarnos.
Contigo fui la madrugada,
el humo
y la lágrima,
mientras ningún reloj
cacareaba
y los garabatos
nos pegaban la lengua.
Es posible
que no acordemos,
ni siquiera recordarnos,
que seamos
el fantasma hermano
del miedo,
aun cuando en ese costado
otro cuerpo
haya cubierto la herida.
Pero incluso en esta mentira,
te oré,
te imploré
que aparezcas
como una flor
en la extrañeza
antes del amanecer.
Claridad
Mientras tanto
despeguemos
y cubrámonos de espejismos,
ese lugar ilusorio
entre la sábana
y las vértebras.
Te vi,
entregada al baile
mientras te quise,
y si te quise,
bailé contigo
o intenté
coordinarme a tu piel.
Escuchamos los pájaros caer
y vimos
pedazos de sol
sobre nosotros.
Yo dejé de cumplir,
tú te marchaste,
me olvidaste,
y me enrosqué
en la vergüenza.
Mientras tanto
nos perdíamos
en el nuevo día,
que se abría
como un tajo,
un hueco directo
en la memoria.
Crujió la casa,
y en las mejillas
la locura
dejo tu nombre
ardiendo.