78. Año 11 | 2.ª Ed. Quincenal Abr. 2026 | SILVIA MONGE RETANA – A Camille Claudel

SILVIA MONGE RETANA es costarricense, maestra de Yoga. Practicante narrativa. Facilitadora de procesos de escritura con personas privadas de libertad. Egresada de la Licenciatura de  psicología. Creció siendo bailarina de danza moderna en distintas compañías de San José y escribiendo poesía como un ejercicio personal, de manera autodidacta desde su adolescencia, es hasta muy recientemente que ha empezado a compartir sus escritos de manera pública.

 

 

 

A Camille Claudel

 

Nací

retoño con hambre

mariposa

ojos abiertos

lloré a todo pulmón como sabiendo

nací mujer

y ofendí a mi madre.

 

No tengo nombre

de mí, tantas criaturas pequeñas

nacen huérfanas como yo

hija solo

de angustias heredadas.

 

Soy la única a quien le pertenezco

así, me hundo entre los olvidados

y hago aparecer en mi mesa

sus fantasmas.

 

No soy más

que cientos de pedazos

esparcidos por lugares

me despojo de todo

te doy mi cuerpo, queriendo

que al fin me nombres

pero mi verdad te ofende

mi descendencia te estorba

mi pasión te avergüenza.

 

Yo siempre regreso de ti

yo y mis delirios

yo y mis tumbas

yo, mi propia tirana

regreso la misma

la creadora

la inexistente

la de las entrañas cálidas

y derrumbadas.

 

Me pierdo y vuelvo

la eterna

a esta manía de multiplicarme

en figuritas diminutas y frágiles.

Las destruyo, me embriago.

soy yo

la única

que escucha esta voz redoblarse

Soy yo

la única

que presiente el retumbo de amor

en sus manos ávidas

 

La única

que desde este abismo

percibe el sollozo eterno de su cuerpo

y el de todas sus imágenes

que se saben ciertas

y sordas.

 

Soy la loca

la deseante

la hueca

la inmensa llena de relieves

la de los picos cortantes                           que te indigna

la de las criaturas obscenas

que solo pueden existir

en el destierro.

 

 

En algún lugar

un cuerpo ordena el ritmo

como goterones

de un aguacero de invierno

otro responde con sus líquidos

como una nube

rota por un trueno.

 

Una voz toca el deseo

pero en el mundo

casi nada puede existir

una flor cerrada y espinosa

se guarda ese derecho

en la garganta.

 

Aquí una espina aflora

una espina sangra su pasión

una aguja cose su delirio en la lengua

una aguja cumple su destino

haciendo pespuntes de miedo/amor

en mis palabras.

 

 

Botánica familiar

I

Güitite

 

Mi abuela tenía una forma particular de andar el jardín

nadie caminaba como ella entre las plantas

nadie entendía tan bien

el diálogo entre la estaca y la tierra

la semilla y el agua

el verde y la luz.

 

A un costado de la pila de su casa

corría el agua de lluvia por un canal angosto

y a la orilla del canal

crecía un árbol mediano de corteza rugosa.

 

Ella ataba las raíces flotantes de sus plantas

a las ramas acorchadas

y pacientemente esperaba su floración.

 

Hilos prendidos de pequeñas flores

que el sol de la tarde convertía

en destellos dorados

titilaban finalmente sobre el árbol.

 

El tiempo era otra cosa

cuando ella y yo, con pocas palabras

caminábamos por el jardín a la hora del sol.

 

Mi abuela era una mujer sensible y entristecida

yo, una niña observadora que buscaba signos

para entender el mundo

sé que ambas nos sentíamos solas.

 

Aprendí con ella

de la conjunción entre la Lluvia de Oro

el Güitite y el sol

y supe para siempre

que la belleza compartida

acallaba todo aquello herido en nosotras

y que la incertidumbre

podía suspenderse de tres a cinco

entre las flores del extenso patio trasero

de la casa de mi abuela.

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