SILVIA MONGE RETANA es costarricense, maestra de Yoga. Practicante narrativa. Facilitadora de procesos de escritura con personas privadas de libertad. Egresada de la Licenciatura de psicología. Creció siendo bailarina de danza moderna en distintas compañías de San José y escribiendo poesía como un ejercicio personal, de manera autodidacta desde su adolescencia, es hasta muy recientemente que ha empezado a compartir sus escritos de manera pública.
A Camille Claudel
Nací
retoño con hambre
mariposa
ojos abiertos
lloré a todo pulmón como sabiendo
nací mujer
y ofendí a mi madre.
No tengo nombre
de mí, tantas criaturas pequeñas
nacen huérfanas como yo
hija solo
de angustias heredadas.
Soy la única a quien le pertenezco
así, me hundo entre los olvidados
y hago aparecer en mi mesa
sus fantasmas.
No soy más
que cientos de pedazos
esparcidos por lugares
me despojo de todo
te doy mi cuerpo, queriendo
que al fin me nombres
pero mi verdad te ofende
mi descendencia te estorba
mi pasión te avergüenza.
Yo siempre regreso de ti
yo y mis delirios
yo y mis tumbas
yo, mi propia tirana
regreso la misma
la creadora
la inexistente
la de las entrañas cálidas
y derrumbadas.
Me pierdo y vuelvo
la eterna
a esta manía de multiplicarme
en figuritas diminutas y frágiles.
Las destruyo, me embriago.
soy yo
la única
que escucha esta voz redoblarse
Soy yo
la única
que presiente el retumbo de amor
en sus manos ávidas
La única
que desde este abismo
percibe el sollozo eterno de su cuerpo
y el de todas sus imágenes
que se saben ciertas
y sordas.
Soy la loca
la deseante
la hueca
la inmensa llena de relieves
la de los picos cortantes que te indigna
la de las criaturas obscenas
que solo pueden existir
en el destierro.
En algún lugar
un cuerpo ordena el ritmo
como goterones
de un aguacero de invierno
otro responde con sus líquidos
como una nube
rota por un trueno.
Una voz toca el deseo
pero en el mundo
casi nada puede existir
una flor cerrada y espinosa
se guarda ese derecho
en la garganta.
Aquí una espina aflora
una espina sangra su pasión
una aguja cose su delirio en la lengua
una aguja cumple su destino
haciendo pespuntes de miedo/amor
en mis palabras.
Botánica familiar
I
Güitite
Mi abuela tenía una forma particular de andar el jardín
nadie caminaba como ella entre las plantas
nadie entendía tan bien
el diálogo entre la estaca y la tierra
la semilla y el agua
el verde y la luz.
A un costado de la pila de su casa
corría el agua de lluvia por un canal angosto
y a la orilla del canal
crecía un árbol mediano de corteza rugosa.
Ella ataba las raíces flotantes de sus plantas
a las ramas acorchadas
y pacientemente esperaba su floración.
Hilos prendidos de pequeñas flores
que el sol de la tarde convertía
en destellos dorados
titilaban finalmente sobre el árbol.
El tiempo era otra cosa
cuando ella y yo, con pocas palabras
caminábamos por el jardín a la hora del sol.
Mi abuela era una mujer sensible y entristecida
yo, una niña observadora que buscaba signos
para entender el mundo
sé que ambas nos sentíamos solas.
Aprendí con ella
de la conjunción entre la Lluvia de Oro
el Güitite y el sol
y supe para siempre
que la belleza compartida
acallaba todo aquello herido en nosotras
y que la incertidumbre
podía suspenderse de tres a cinco
entre las flores del extenso patio trasero
de la casa de mi abuela.