77. Año 11 | 2.ª Ed. Quincenal Abr. 2026 | JESÚS SÁNCHEZ RIVAS – Adaptación

JESÚS SÁNCHEZ RIVAS nace en Torre de Juan Abad (Ciudad-Real) en 1957. Reside en Cataluña desde los seis años. Técnico Superior de Artes Gráficas hasta su jubilación en 2020. Escribe poesía desde su juventud. Publica “Donde tú estás”, su “ópera prima”, con la Editorial Poesía eres tú, en 2023. “El tránsito discordante” fue su segundo libro, que publica con Ediciones C&G, en 2024.“Entre silencio y silencio”, su tercer libro, sigue en cierta forma la estela de “El tránsito discordante”, pues pone de manifiesto los conflictos cotidianos del autor con la vida y, sobre todo, con el mundo actual y el ser humano. Se edita con Ediciones C&G en 2025. Su trabajo se encuentra también en ocho antologías, hasta la fecha. Participa en encuentros y recitales poéticos en su entorno comunitario, habitualmente, y en algunos de ámbito nacional siempre que le es posible. Es miembro de la Asociación de Escritores de Castilla la Mancha (AECLM). Es miembro de la Asociación Colegial de escritores de Cataluña (ACEC). Es miembro del grupo Oretania de poetas. Es presidente de la asociación cultural Cercle Artístic de Vallirana.

 

 

 

 

 

ADAPTACIÓN

 

 

Los sonidos de la vida aparecen

inmutables en esta gran pérdida que nos envuelve.

 

Como el silencio abraza los oídos

expectantes y las almas, como esponjas en el desierto.

 

Me dejo hoy que no me siento,

como no te siento cerca, tú tan lejos y tan callada.

 

El pom-pom eterno como un timbal

es sintonía de este extraño tiempo que nos duele.

 

Nos llora el mundo y nos humedece la piel

arrugada, mientras se resquebrajan las uñas, como la esperanza.

 

Sin la risa que bailaba en mi espalda, mi llanto

fluye por sus poros, como un ácido que arrastra las llagas del olvido.

 

Las heridas de tus uñas perdieron

su corona en ese bosque azul que nos gritaba insultos.

 

Los pies se agotan en la búsqueda

de aquel grial de extraño dios obsceno de ojos rojos.

 

Mi pecho extraña el abrazo de tus versos

rotos y descontados, que odiaban mi obtusa corrección.

 

Ya nada me molesta de aquello

que me ardía en la boca, más allá de tus besos oscuros.

 

Nada estorba ahora la mirada hacia

atrás, que nadie quiere, pero todos echan errantes.

 

Como la imprecación orgullosa

que, obcecada, sostiene y afianza la propia consistencia.

 

 

 

HABREMOS MUERTO

 

Si desapareces para siempre

y te escondes en tu tierra ácida,

rompiendo todo lo que la distancia

nos dejó crear, aunque en tus sueños

siga siendo.

 

Si me olvidas,

no me hallas en los libros,

ni en las nubes de levante, sobre el sol,

cuando visitas tu banca, allí abajo,

será que estaremos muertos los tres,

del todo.

 

Ya no reiremos más contigo,

con vosotros, como locos,

sabremos que habremos muerto.

 

Ya no veremos juntos la luna,

ni el sol cuando se cruzan,

y se miran como nos miramos.

 

Ya no lloraremos de risa,

con dolor de estómago,

ni nos mostraremos más

cómo nos amamos.

 

Si desapareces para siempre,

sabremos que habremos muerto,

aunque leamos aún a Vallejo y a Lorca,

o recitemos a Neruda.

 

 

LA MUERTE CAMINA AL LADO

 

Serpentea la senda horadada, llena de cascotes.

 

El fragor de la guerra se oye en el silencio,

como su olor se siente en el aire.

 

Los pasos resuenan entre las torres deshechas,

entre los oscuros recovecos de las avenidas rotas

y el misterioso siseo de las aceras abiertas en canal.

 

La mirada felina atenta a todo, las pupilas titilando

entre el fuego y la lágrima rebelde, en otra noche

encendida, en otra tempestad de llamas y de truenos.

 

La muerte camina al lado de la gente, corre como ella,

se agacha igual y sólo se detiene al mismo tiempo,

en el instante en que el silbido leve, apenas perceptible,

se incrusta en el cerebro, sin aviso previo.

 

La tierra recoge otro despojo en la locura de este tiempo.

 

 

 

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