76. Año 11 | 2.ª Ed. Quincenal Abr. 2026 | NURIA ZAPARDIEL CASTELLANOS –Ojos de dos mil diez

NURIA ZAPARDIEL CASTELLANOS, nacida en Girona en 1990, reside en Madrid, ciudad que ha sido su hogar durante prácticamente toda su vida. Es licenciada en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid, y ha obtenido el Máster de Educación de la Universidad de Alcalá de Henares, el Máster de Escritura Creativa de la Universidad Internacional de la Rioja y el primer curso del Máster de Creación Poética de la escuela Fuentetaja.  Actualmente es profesora de Educación Secundaria y Bachillerato, divulgadora literaria en la cuenta de Booktube Las lectoras de Wildfell Hall y autora del poemario Punto de pérdida (Aliar Ediciones, 2025). Su poesía es de carácter intimista y está inspirada por autores como Amalia Bautista, Ángel González, Luis Cernuda, Federico García Lorca, Alejandra Pizarnik, Idea Vilariño, Louise Glück y Ana Blandiana.

 

 

 

 

Ojos de dos mil diez

 

A aquellos ojos míos de mil novecientos diez — Federico García Lorca.

 

Aquellos ojos míos
de dos mil diez
no vieron aún
polvo, luna
ni estertores.

 

No sabían del mar
que surca
otros rostros,
ni de la tiniebla
de la ausencia.

 

Aquellos ojos míos
de dos mil diez,
ya llorando
la espera aséptica,

ya vencidos
de rabia insomne.

 

Envenenados
de calor y de hormona,
enamorados del amor,
sempiternas presas
del deseo.

 

Aquellos ojos deshechos
en líquida angustia,
aguamarinas
atravesadas
por ígneas saetas.

 

Ay, aquellos ojos míos
de dos mil diez,
volved a mí
la inocencia
sufriente,
la pueril ignorancia,

y besaré cada herida
que hará en vosotros
el tiempo.

 

Un poema en la Calle Olmo

 

Ir hacia lo hermético, hacia el campo
cerrado.
¿Qué es, si no, la poesía?

 

Adentrarse en lo oscuro, vestir el lenguaje
de metafóricas capas y capas de enaguas.
Apagar el lugar común como si ardiera en
el quicio de la quijada.

 

Correr en desespera, coronar el silencio.
Asir cartas astrales que lloren un destino
al fondo del poeta.
Elevar la mirada desde ningún ángulo.

 

Perderse buscando sombras,
y atardecer bajo un olmo
viejo, hendido e invisible,
que hace tiempo que no es árbol, sino calle
y casa.

 

Noli me tangere

 

No, esta vez
soy yo quien se aparece
en tu montaña,
entre árboles sin nombre.

 

No, esta vez soy yo.
Al tercer día,
segura ante el abismo,
soy yo quien reaparece.

 

Es otoño de nuevo,
las hojas se anaranjan,
tú te arrebollas
al descubrirme.

A mí, a quien sentías
a océanos, a eones,
a pájaros de ti.
¿Me confundes con una jardinera?

 

Pues esta vez soy yo
quien se asoma a lo oculto.
Yo, quien pronuncia las palabras
que abren tierra velada:

 

Noli me tangere.

 

Pero cuánto quisiera
no tener que prohibirlo.
Saberme capaz de tocarme,
reengendrarme significada,
entender quién habita dentro.

 

Sin embargo, tu tacto
no comprende, se hunde

como una aguja.
Tus dedos buscan horadarme.

 

No puedo volver a perderme
en este fuego.
Lo asible
ya no es mi cárcel.

 

Noli, noli me tangere.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *