LORENA TASS es una poetisa española, autora de En espiral hacia mí. Su camino une el viaje exterior con la exploración interior. Ha pasado de viajar improvisando poesía en las calles a materializar su obra, como un camino hacia el propio ser. Sus letras beben de sabiduría índigena latinoamericana y del propio sendero que resulta el mirar hacia dentro. La puedes encontrar en su instagram @poesiadearenayrosas.
De regreso a mi pueblo
Subo y bajo como la luna,
mi historia es misteriosa,
pues se perdió
entre lagunas.
Me negaron por años,
nos mataron
justificando los daños.
El conocimiento de mis encuentros,
fue enterrado,
por eso hoy ando la vida
lejos de mí,
lejos de mi ciclo sagrado.
Me llaman agua, porque fluyo,
cuido y conecto,
me llaman fuego
porque quemo y también creo,
me llaman tierra
porque en mí todo se gesta,
me llaman aire
por mis ideas.
La realidad,
es que soy incógnita
incluso para mí,
salgo más allá de lo racional,
soy algo más sútil…
Los libros me llaman “mujer”,
pero yo me siento sin forma,
sin estructura,
pues todas las definiciones
no están hechas a mi me mesura.
Vienen de milenios
de censura,
de un paradigma materialista
y patriarcal,
que se limita
a delimitar
y yo,
soy sin limites,
cambiante,
y vivo en grupo,
en comunidad.
No me puedes definir
sin mis hermanas,
sin mis crias
y creaciones,
sin mi familia
y colectividad.
No puedes definirme
sin tener en cuenta
la posición de la luna,
la estación del año,
las emociones de mi pueblo.
No soy lineal para caber en un libro,
o en dogmatismos del cerebro,
soy un eje más
en rotación,
alineado con el ritmo
estelar
y el sentir de mi corazón.
Y así, ahora que ya es tiempo,
de nuevo,
me presento.
Soy mujer,
recuperando
mi camino verdadero.
Hay un cuerpo desnudo,
maltratado y atado a nudos,
todos sus hijos le hacen sufrir,
la violan y envenenan
por su propio porvenir.
Algunos sacan su sangre,
otros le cortan extremidades,
la engordan y explotan,
se alimentan de sus necesidades.
Gran vaca lechera
a la que le inyectan hormonas,
campos de maíz
donde la tierra llora.
Químicos y pesticidas
para calmar codicia
y deseos capitalistas.
Solo importa el bolsillo
que uno lleva,
no importa
ni lo vivo,
ni lo que nos rodea.
Veo a mi madre llorar
en cada inundación,
la veo gritar
cuando viene su huracán,
sangra de dolor
con los incendios,
y los que torturan
lamentan las pérdidas
que ellos mismos conjuran.
Hubo un tiempo
donde se rezaba cada alimento,
donde se agradecía la cosecha
y se honraban los elementos.
Hubo un tiempo
donde se cantaba a los espíritus
de los animales,
de los bosques
y los mares.
Hubo un tiempo donde había un equilibrio,
se cogía
y se agradecía con sentido.
Los ríos se secan,
los montes se queman,
la basura nos inunda,
los animales escasean.
La tierra está seca,
falta el agua,
la muchedumbre solo piensa
en recolectar plata.
Como especie,
nos hemos desconectado,
las personas están más en lo tecnológico
que en lo humano.
Mundo cerebral,
donde importa la inteligencia
y nos pesa tanto la cabeza,
que esta,
si no cambiamos,
a todos nos entierra.
Así misma, como soy, me quiero
Puede que no
comprenda nada
y el dolor
me deje obstaculizada.
A veces me interceptan
las palabras
y veo como
con lo que me identifico,
no sabe nada.
Perder la corriente
de mi propia máscara,
deshacerme de frente
ante lo que me atrapa.
Asumir,
rendir toda mi alma,
dejar ir y deconstruir
a la persona
que se autoproclama.
Un vacío oscuro ,
donde no hay,
y pongo más peso
en lo nulo,
que no,
en el ruido
que llama .
Dejar de atender
mis propias alertas,
rendir espacio
para que nada vuelva .
Y me veo atrapada
en la sombra,
donde la claridad
difícil se logra,
aguas revueltas
que me ahogan .
¿Es el camino
pensar que no importa?
Quitarle peso
a lo que se manifiesta
aunque eso signifique
soltar mis defensas.
Vulnerabilizarme a la vida
confiando en la bondad del otro,
en que nadie tiene
el poder de herirme,
si yo no se lo otorgo.
No es necesario
llevar mis cuchillos
ya que, aunque protejan,
también dañan
y rompen mis nudillos.
Dejar ir cayendo
las hojas de un viejo árbol,
que tanto me ha servido,
al que tanto he amado.
Y ahora,
tras tanta batalla,
víctima y verdugo,
empiezo a ver algo
que jamás antes hubo.
La cáscara del escenario,
la prisión
que yo misma
me labro.
Y así con cariño
y paciencia,
con el apoyo
que la vida
me tienta.
Voy caminando
en la noche oscura,
con una pequeña luz
que a veces se escucha.
Siendo guiada
sin saber a dónde,
dando la espalda
a lo que ya se esconde.
Y este ahora es mi camino,
y así lo escribo,
para darme alivio.
Hacia lo nuevo
como bebé descalzo,
sabiendo que aún los errores,
siempre avanzo.
Y así aún todo,
recordarme de nuevo,
una vez más
con todo lo que siento,
que a mí misma,
como soy, me quiero.