249. Año 10 | 1.ª Ed. Quincenal Dic. 2025 | ELIAS LILIENFELD QUEVEDO – Herencia entre dedos

ELIAS LILIENFELD QUEVEDO (La Paz, 1997) es escritor y periodista boliviano. Graduado en Periodismo por la Universidad de Houston, actualmente cursa la Maestría en Escritura Creativa en Español en la Universidad de Iowa como becario del Iowa Arts Fellowship. Su obra explora la memoria, diáspora, identidad y herencia. Es autor del poemario Poemas de Amor y Sal (Editorial La Glorieta 2024).

 

 

Herencia entre dedos

 

Sigo persiguiendo manos,

esas manos arrugadas y rotas,

portan anillos plateados

de amaneceres sobre los Andes,

adornadas de cumbres

que rigen aún en mi mente,

ahorcándome en las noches,

llamando,

rogando mi retorno.

 

Puedo oler wira wira hirviendo

para paliar esta enfermedad

producida por la lejanía,

pecado que sufro

por burlarme

de los kusillos del pasado,

sabios que predijeron mi verdad

antes aún de haber llegado

a mi seno.

 

Escucho los timbales,

petardos de marchas

violines y zampoñas,

anunciando el lamento

por el que se nos conoce,

seduciendo a los gringos

con pomposos colores,

aromas y sensaciones

místicas,

elementales.

 

Sin embargo,

me persigue la sospecha,

la indudable duda de que

algo aún me espera.

 

Camino y me muerden

las puntas de los pies,

herencia de mi padre,

vestigios de diablos danzantes

que rompen mi silencio,

delicado tormento el ser legado

lo que no soy y debo ser,

alcanzando la cima de cerros

derrotado y vencido.

 

He vivido de ritos,

instrucciones de voces

inmensas pero ausentes

donde primaban los carnés

antes que lo merecido

y mucho antes que

un mísero cariño.

 

Debo rasparme contra la arena,

absorber este líquido ígneo

para inmolar mis sueños,

deseos que respiran solos

sin permiso,

y me han llevado

a costas, ciudades y granjas

en un suspiro.

 

Sin embargo

me persigue la sospecha,

la indudable duda

de que algo aún me espera…

 

 

Los zapatos

 

No sé qué zapatos ponerme hoy,

si las botas, esas de cuero viejo

que me regaló mi padre

aquella tarde azul,

antes de irse a la mina

por diez y pico años,

mientras me decía,

ahora eres

el hombre de la casa,

debes cuidar

a mamá y

los hermanos,

mientras yo solo

quería permiso

para ir afuera

a jugar

con mis primos

 

No sé qué zapatos ponerme hoy,

si esos que robé

una noche con amigos,

entre risas, ron y cerros,

esquivando las realidades,

responsabilidades impuestas,

sometidos al sistema

de querer y no poder nunca,

armando pandillas

vistiendo La Paz

de aerosoles,

mientras escapaba de

los humos

de la ley

y el orden.

 

No sé qué zapatos ponerme hoy,

si los elegantes del abuelo,

(que parecen eternos)

guardan aún la arena del recuerdo,

cenas de Shabbat en el templo

hablando de un pueblo lejano

que decía,

pertenezco

y en las madrugadas

de silencio

él caminaba Santa Cruz

perdido,

en las calles empedradas

del centro.

 

 

No sé qué zapatos ponerme hoy,

si esos tenis que me compró mamá

el día antes de viajar solo

al norte,

en el que me recomendó olvidar

la herencia del rencor,

para poder mudar de piel,

alejarme de la persecución,

del profundo martirio,

y con lágrimas

seguir

seguir por más

duro que sea

el adiós.

 

 

Ajayu

 

Se me ha escondido

detrás de las rocas

 

se lo ha robado el viento

 

se me ha quedado atrás

de todo lo que he vivido

 

en la piedra tibia

en la tierra seca

debajo de la thola

 

se me ha escapado

dejándome en huesos

 

envuelto en un nombre

se me ha perdido

en los cerros

 

lo busco

lo quiero

por un minuto lo tengo

 

en el silencio naufraga

en la memoria me llama

 

se me ha extraviado

se esconde en la sombra

 

 

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