JENNY VARONA MARTÍNEZ nació en Cuba, donde comenzó a formar las experiencias que marcarían su vida y su manera de ver el mundo. Estudió matemáticas, desarrollando una profunda curiosidad por los patrones, la lógica y la belleza de los números. Actualmente vive en Michigan. Aunque las matemáticas forman parte de su trayectoria, Jenny encuentra en la poesía una forma especial de expresar sus pensamientos, emociones y experiencias. Su historia une dos mundos aparentemente distintos.
Me fui
Crucé la calle de la escuela,
negándole el ritmo a una trova.
Crucé el río Capellanía
y me fui de Cuba altas horas.
Mi sangre seca corría
en la acera;
la bicicleta me transfundió polvo.
Ni esperé que el alta me dieran,
me fui de Cuba a lo loco.
Del refugio de velas hirviendo
emergí cubierta de cera
y apretando mi pañoleta,
me fui de Cuba corriendo.
Mi cuerpo, de palma y de río.
Mi mente, Loynaz y Martí.
Mi corazón, mimosa púlida
que tocaron cuando me fui.
La poesía
En Cuba no ha habido poetas
porque es Cuba la poesía.
Ha habido geógrafos del idioma —
Nosotros, los de pasos errantes,
no somos más que letras.
Trazadas entre apagones del pueblo
y la eterna corriente de la sierra.
Es el mapa de Cuba el empeine
de todo pie cubano.
Aunque en Miami se duerma,
son cubanos los sueños descalzos.
Es el zunzún poesía,
el pajarito como la revista…
Es poesía Marcolina
y su sombrilla amarilla.
¡Ve a Cuba a leer todo el monte!
O deja que el monte
te lea.
Solo manejo
Soñó que iba a matar a un hombre ese día.
Un sueño de esos que ves con claridad
cada línea de tus manos.
Que logras dar el puñetazo
y correr rápido
y volar.
Esos sueños.
Por lo tanto, al abrir los ojos,
fue directo a la bodega.
De no haber ron hubiera comprado
guafarina de un mendigo.
Olvidaría el sueño.
Tenía que quedarse en casa ese día.
Tú sabes.
Por si acaso.
Se vació el galón de ron en su boca.
Apenas llenó una muela.
Seguía viendo al que mató.
El trago le ofreció claridad al terrible sueño:
El hombre le caía arriba sin tocarlo —
un pelo lacio,
un lunar en su sonrisa,
gordos labios que advertían fuga
y rogaban quedarse.
Otra botella.
La otra apagará este sueño
que no puede ser verdad,
no soy un asesino.
En La Habana todo queda cerca.
Está el cupé en la esquina.
Tomé. Manejo a buscarla.
Soy tremendo timón.
Voy a la esquina.
No soy asesino.
Solo manejo.
Las ventanillas dejan que entre el fresco.
Va llegando entre el tumulto
y la pitería
una moto a lo lejos.
El lunar.
Vira el timón.
Quizás por susto.
Quizás para matarse él primero,
como es justo.
Le da al camión.
Está todo bien. El camión está bien.
Y el timón por qué no hace caso
gira
gira cojone
gira
Cae encima del parabrisas.
No lo toca.
No lo tocó nunca.
Las manos le tiemblan al soltar el timón
que sí tocó.
Vomita la botella que no alcanzó a comprar.
Timbra un teléfono,
contesta la gota de sudor.
Es la madre.
Me impresiona mucho esa manera de escribir. Tienes la capacidad de convertir una escena en algo que el lector no solo lee, sino que vive. El ritmo, las frases cortas y la tensión hacen que uno sienta la desesperación del personaje. Es una escritura cruda, intensa y muy visual. Lograr transmitir tanto con tan pocas palabras demuestra mucho talento, me gusta la forma auténtica que utilizas para atrapar a uno a que siga leyendo, gracias, estas cosas tan bellas que ya casi no se ven.
“Qué manera tan poderosa de escribir a Cuba, desde la memoria, la herida y la poesía. ‘Me fui’ me atravesó especialmente: esa mezcla de pertenencia, dolor y necesidad de partir está escrita con una sensibilidad increíble. Y ‘La poesía’… qué belleza convertir a Cuba entera en un poema. Pero ‘Solo manejo’ me dejó sin palabras; la tensión va creciendo hasta ese final y te deja con el corazón apretado. Hay imágenes que se quedan contigo después de terminar de leer. Felicidades por esta obra tan honesta, cruda y hermosa. ❤️🇨🇺”