ÁTOMOS VISIBLES (Colombia, 1993). Psicólogo, investigador social y escritor. Ofrece orientación y acompañamiento psicológico, integrando recursos expresivos y creativos adaptados a las necesidades de cada persona. Su obra explora la memoria, los vínculos, la identidad y las transformaciones de la experiencia humana mediante la poesía, la imagen y la experimentación con el lenguaje. Bajo la consigna «Leer el fragmento. Mirar la fractura», desarrolla un proyecto literario y artístico homónimo. Instagram: @atomosvisibles
Catarata
Observo:
Y ante la imposibilidad de divisarlo todo,
me pierdo.
La realidad aparente,
tangible a mis sentidos,
me abruma.
Me observo:
Inquieto,
al descubrir que la piel que habito
es solo un recipiente con fecha de caducidad.
Que pareciera aún contener
los últimos restos de lo que alguna vez viste en mí.
Te observo:
Y es como si viera a mi amuleto más preciado.
Es como si repasara escena tras escena de mi película favorita.
Como volver a recorrer con mi tacto y olfato hasta su lugar más recóndito…
Para luego volver a mí,
y descubrirme mínimo
dentro de la inmensa y fría sala
en un incómodo vacío inhóspito.
Uno que solo parecía cubrirse
con la presencia que me dabas al verme,
sí, solo al verme…
Y que hoy:
Frente a lo que ya no puede ser visto,
tan solo aparece,
el recipiente…
vacío
que,
ante
la espera,
solo espera,
otro observador más…
Inesperada
Te vi.
Atravesé la puerta y entré en tu espacio
Lejos de sentir dolor,
pensé en saludarte.
No lo hice.
Si lo hubiera hecho seguro no estaría hoy
en el regazo tranquilo de mis pesares
añorándote.
Me viste. Lo sé.
Mil pensamientos atravesados
queriendo entrar en tu mente para saber.
Sí, solo saber…
Mala maña mía.
Querer desarmarte en mil piezas queriendo creerme
el único capaz de armar el rompecabezas de tu vida.
No aprendo.
Espero que al igual que yo,
no hayas sentido el dolor punzante de los últimos meses,
sino el regocijo inquietante de lo que fue y pudo haber sido.
Nos buscamos con la mirada.
Tus sutiles y delicados movimientos al compás de la música
aún me dibujan una leve sonrisa
que me recuerda algo:
Te amé.
Por esto y más me encuentro hoy,
en la tenue densidad
del amargo sin sabor del des-ahogo solitario,
creyendo que tal vez
te despertaste hace poco y,
en el vaivén de la rutina mañanera,
de entre la comisura de las heridas
que aún palpitan
en el vacío incontenible que nos quedó:
También me añoras.
¿Qué tan pesada es una piedra?
De pequeño lanzaba piedras al río
Sin pensar qué sería de ellas
Solo son livianas y
fluyen
con el
arroyo…
De adolescente lanzaba palabras que parecían piedras
Sin pensar qué harían las personas con ellas
Tan densas
y pesadas
escarban
y cavan
hondo.
De adulto caen los días y me parezco más a las piedras
Con-pensar cada minuto en la tierra
Tan ligera que solo reposa…
presente
sin rumbo.