235. Año 11 | 2.ª Ed. Quincenal Oct. 2026 | GUADALUPE PÉREZ RECALDE – Torsión

GUADALUPE PÉREZ RECALDE es poeta, socióloga, docente universitaria, madre, migrante argentina radicada en Perú. Publicó el poemario Del amor sus variaciones (Buenos Aires: Enero Ed.) y relatos en antologías y revistas. Colabora en la revista digital Nos vemos los jueves. Dicta talleres de escritura. Forma parte del colectivo de escritoras Mujeres Peligrosas.

 

Si supiera cómo

 

Sombra que amortaja

involuntaria

el cielo

 

tu silencio

no es que lo sea todo

no es que no sea nada

 

abruma

atrona

como los temporales en tu ciudad

el río desbocado en la que fue mía

pez silvestre

en dirección contraria

las aguas de mi caudal

 

si pudiera

si supiera cómo

recogería entre mis manos

ese instante

estás a punto de decir algo

despegás los labios

concentrás el aire que vas a usar

es justo el momento anterior al decir

todo puede ser

 

si pudiera

si supiera cómo

sostendría tu boca

inerme vibrante

haría florecer

amapolas en tus labios

con ternura

con ahínco con desvelo

dejaría

que irradiaras el borde de mis yemas

te mantuvieras así

antes de la voz

del silencio

 

no todo

no nada.

 

 

 

Todo lo que no sé

 

Ningún sí evanesce todos los no

no sé hacerme madriguera

para los conejos que tu boca vomita

no sé tejer

no sé bordar

ningún saber compensa

todo lo que no sé.

 

No importa

cuántas puertas haya abierto

con cuidado

a las patadas

no sé tejer no sé bordar

inútiles manos mías

deambulan por el teclado

empecinadas testarudas

buscan el inapresable

escurridizo latigazo

en la noche lúcida

¿podrá una palabra decir

el refucilo que hiere

de luz mi ignorancia?

 

No sé

batir claras a punto nieve

ni hacer mayonesa vitel tonné

budín marmoleado

no sé

hacer asado

tiramisú

huevos poché

no sé

poner flores en la mesa porque sí

 

equivalencias no hay

ni fórmulas matemáticas en la abundancia

de lo que no sé.

 

No sé hacer la vertical,

mucho menos la media luna

el rondó el flic flac

nunca supe

ponerme de cabeza mirar al revés

descomponer paisajes

salir del laberinto por arriba

ilesa inmaculada.

 

No sé

retener el desborde

el dique antes de que reviente

como un forúnculo

el grito las pústulas

los adjetivos

las manos enfáticas errantes

me estás mirando como un monstruo

no hay pasta frola que componga la herida.

 

No sé nadar en el mar

entregarme

dejar que el agua me acune

ser pez alga sal

flotar

no sé bajar la guardia

-salvo excepciones y vos-

andar desarmada

fresca ligera

sin alusión

ni expectativas.

 

No sé

imaginar un futuro

no veo claro

no veo cómo

no encuentro palabras

horizonte

no sé

terminar las discusiones

cuando se empantanan

no sé

hacer planes

mirar tenis

hablar jeringoso

bailar minué

dejar de ir hacia no sé dónde

-salvo excepciones y vos-.

 

 

 

 

Torsión

 

La mujer de al lado hace anotaciones

va y viene su lápiz rojo

no duda

a cada espacio una grafía

en la que cabe la realidad que inventa.

 

Reconozco el movimiento la intención

yo estuve ahí

segura convencida

hablé lenguas

de hierro y ley.

 

En el principio fueron

versículos parábolas

el sueño de la coherencia

tuve compasión de

los que iban a ser vomitados.

 

Más tarde vinieron

tratados metas objetivos

arrellané mi devoción

en escenarios de riesgo

fui albaceas de palabras de otros.

 

Cambié de credo

hablé

del desarrollo las estructuras

la multidimensionalidad

dí cátedra.

 

Ahí estuve.

Esa fui.

Así dije.

 

Anduve

por el buen decir el buen camino

pero un día

un destello un aleteo

no sé qué aire

qué peso qué ternura

ablandó mis párpados

no sé qué lapsus

qué destello qué grito

despejó mi visión.

 

Casi sin darme cuenta

roté sobre mí misma

noche tras noche

un desplazamiento

diminuto

sin destino ni sendero

mucho menos mapa

hasta llegar a una Babel

sin diccionario.

 

Ahora

ando por el lenguaje

como por un río

nado con peces verde limo

guardo una piedra en la boca

entrego el paladar a la corriente

dejo que me arrugue los dedos

voy por la pendiente

surco alegre la ribera

golpeo mis costillas contra un sauce

reposo en sus raíces

con estos ojos nuevos

advierto

la hoja que cuelga

trémula

de la rama ya desnuda.

 

 

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