GUADALUPE PÉREZ RECALDE es poeta, socióloga, docente universitaria, madre, migrante argentina radicada en Perú. Publicó el poemario Del amor sus variaciones (Buenos Aires: Enero Ed.) y relatos en antologías y revistas. Colabora en la revista digital Nos vemos los jueves. Dicta talleres de escritura. Forma parte del colectivo de escritoras Mujeres Peligrosas.
Si supiera cómo
Sombra que amortaja
involuntaria
el cielo
tu silencio
no es que lo sea todo
no es que no sea nada
abruma
atrona
como los temporales en tu ciudad
el río desbocado en la que fue mía
pez silvestre
en dirección contraria
las aguas de mi caudal
si pudiera
si supiera cómo
recogería entre mis manos
ese instante
estás a punto de decir algo
despegás los labios
concentrás el aire que vas a usar
es justo el momento anterior al decir
todo puede ser
si pudiera
si supiera cómo
sostendría tu boca
inerme vibrante
haría florecer
amapolas en tus labios
con ternura
con ahínco con desvelo
dejaría
que irradiaras el borde de mis yemas
te mantuvieras así
antes de la voz
del silencio
no todo
no nada.
Todo lo que no sé
Ningún sí evanesce todos los no
no sé hacerme madriguera
para los conejos que tu boca vomita
no sé tejer
no sé bordar
ningún saber compensa
todo lo que no sé.
No importa
cuántas puertas haya abierto
con cuidado
a las patadas
no sé tejer no sé bordar
inútiles manos mías
deambulan por el teclado
empecinadas testarudas
buscan el inapresable
escurridizo latigazo
en la noche lúcida
¿podrá una palabra decir
el refucilo que hiere
de luz mi ignorancia?
No sé
batir claras a punto nieve
ni hacer mayonesa vitel tonné
budín marmoleado
no sé
hacer asado
tiramisú
huevos poché
no sé
poner flores en la mesa porque sí
equivalencias no hay
ni fórmulas matemáticas en la abundancia
de lo que no sé.
No sé hacer la vertical,
mucho menos la media luna
el rondó el flic flac
nunca supe
ponerme de cabeza mirar al revés
descomponer paisajes
salir del laberinto por arriba
ilesa inmaculada.
No sé
retener el desborde
el dique antes de que reviente
como un forúnculo
el grito las pústulas
los adjetivos
las manos enfáticas errantes
me estás mirando como un monstruo
no hay pasta frola que componga la herida.
No sé nadar en el mar
entregarme
dejar que el agua me acune
ser pez alga sal
flotar
no sé bajar la guardia
-salvo excepciones y vos-
andar desarmada
fresca ligera
sin alusión
ni expectativas.
No sé
imaginar un futuro
no veo claro
no veo cómo
no encuentro palabras
horizonte
no sé
terminar las discusiones
cuando se empantanan
no sé
hacer planes
mirar tenis
hablar jeringoso
bailar minué
dejar de ir hacia no sé dónde
-salvo excepciones y vos-.
Torsión
La mujer de al lado hace anotaciones
va y viene su lápiz rojo
no duda
a cada espacio una grafía
en la que cabe la realidad que inventa.
Reconozco el movimiento la intención
yo estuve ahí
segura convencida
hablé lenguas
de hierro y ley.
En el principio fueron
versículos parábolas
el sueño de la coherencia
tuve compasión de
los que iban a ser vomitados.
Más tarde vinieron
tratados metas objetivos
arrellané mi devoción
en escenarios de riesgo
fui albaceas de palabras de otros.
Cambié de credo
hablé
del desarrollo las estructuras
la multidimensionalidad
dí cátedra.
Ahí estuve.
Esa fui.
Así dije.
Anduve
por el buen decir el buen camino
pero un día
un destello un aleteo
no sé qué aire
qué peso qué ternura
ablandó mis párpados
no sé qué lapsus
qué destello qué grito
despejó mi visión.
Casi sin darme cuenta
roté sobre mí misma
noche tras noche
un desplazamiento
diminuto
sin destino ni sendero
mucho menos mapa
hasta llegar a una Babel
sin diccionario.
Ahora
ando por el lenguaje
como por un río
nado con peces verde limo
guardo una piedra en la boca
entrego el paladar a la corriente
dejo que me arrugue los dedos
voy por la pendiente
surco alegre la ribera
golpeo mis costillas contra un sauce
reposo en sus raíces
con estos ojos nuevos
advierto
la hoja que cuelga
trémula
de la rama ya desnuda.