107. Año 10: MARU | Flor de grieta

MARU (Colombia, 1998) es una artista visual y escritora radicada actualmente en Medellín. Su trabajo se caracteriza por la creación de un universo narrativo que ha nombrado bubblegum dystopia, donde explora los contrastes entre lo tierno y lo decadente, abordando temas como la alienación, la nostalgia y la resistencia emocional en contextos modernos. A través de la ilustración, el dibujo y la escritura poética, MARU desarrolla imágenes y textos que habitan lo íntimo, lo simbólico y lo político desde una estética colorida que disfraza realidades sombrías. Sus piezas funcionan como fragmentos de un diario existencial donde la dulzura convive con la desesperanza.

 

 

FLOR DE GRIETA

 

El encuentro entre el alma y la razón se enreda en una sola situación,
donde el arte y la corona que sostiene el peso de mi espíritu chocan entre sí.
Las flores que brotan de páginas arrancadas de mi corazón
transforman mi ser en un grito sin eco,
donde la galaxia y el alba parecen ponerse de acuerdo
para reírse de mí.

No se puede componer el amor solo con la ilusión de lo que no es.
El libro que define mi existencia carga también con mi conciencia.

Puedes verme como un montón de páginas sueltas, como un libro que fue arrancado.
Mis hojas volaban por el aire, arrastradas a destinos separados.
La magia que vive en mí necesitaba salir,
aunque el proceso dejara cicatrices.
El envase donde vienen mis sueños embotellados es demasiado pequeño;
ya no puede contenerlos.

Cuando me miro en el espejo, no me tengo compasión.
No veo solo lo que he fallado—
veo lo que he sentido y lo que he dejado ganar.
La soledad y el miedo me consumen,
arrastrándome lentamente a un agujero más profundo,
donde mi cuerpo paga el precio de mis decisiones.

Quisiera ver flores crecer en las grietas de mi corazón.
Ser apreciada como una obra de arte,
no como un reflejo.
Sentirme vulnerable y a la vez protegida,
sin dejar de ser.
Quizás es demasiado pedirle a la vida, al mundo,
incluso a Dios:
que sea bueno conmigo.
Que deje de usarme como prueba de paciencia y resiliencia.
Quisiera también que alguien me sostuviera,
alguien ante quien simplemente pueda estar.

No busco salvación.
Pero de vez en cuando,
quisiera mirar las estrellas y encontrar paz.
Dejar de ver el cielo con el rostro tibio y las lágrimas brotadas,
deseando pertenecer al cosmos.
Las luces brillantes y los teléfonos rotos
solo me dejan el corazón partido,
vacío,
sin ganas de latir.

Hace tiempo olvidé cómo se siente la calidez—
como esas noches donde la luna se refleja en el agua
y la brisa envuelve,
dando consuelo.

Ahora, en el vacío,
al final de esta grieta donde me recuesto mirando el cielo
y rogando por fuerza,
solo pienso y anhelo una señal de que todo estará bien.

Y como tantas veces,
me queda dejarme caer si dejo de intentar escalar
estos muros cubiertos de musgo suelto.

La vista desde el fondo es nostálgica, crítica, dolorosa.
La conozco muy bien.
A veces,
es lo único que se siente.

 

 

SIN REMITENTE.

 

Esta es una carta al viento, un poema en una botella lanzada al mar, esperando que mis palabras te alcancen.
En el reflejo de mis ojos permanece suspendida la nobleza y la constancia de mis sentimientos.
Como un gato que se sienta a la luz de la luna, solo a apreciar su brillo.

Quizás analizando, quizás pensando, quizás amando en silencio.

Quisiera despertar contigo y sentir mi alma latir junto a la tuya.
Y aunque vivamos a océanos de distancia, mis palabras son el puente que mis deseos construyen para encontrarte.

Camino sola entre la distancia, sin distinguir muy bien entre el cielo y la tierra.
Solo puedo imaginar tus labios, tus manos…
Algún día quisiera sentir tu aliento cerca de mi piel, respirando como quien envuelve con una melodía, sin preguntar.

Tu voz se ha convertido en un mensaje secreto, uno que alivia mi alma.
Donde las mariposas emergen del agua y me hacen respirar en paz.
Donde no me obligas a dejar de sentir, pero te quedas conmigo… sintiendo, hasta que pueda levantarme sola.

Camino sobre el océano que refleja el cielo como uno solo,
y en medio de las nubes escucho, como un susurro, tus palabras.
Siento en el viento tu presencia, casi magnética. Etérea. Onírica.
Quiero alcanzarte para verte.
Para que me veas.
Para decirte cuántas veces me has salvado sin saberlo.
Cuántas veces me has visto sin conocerme.
Y cuántas veces has puesto melodía a mi vida, a mi diario de vida.

Había un pequeño sol que habitaba en mi interior y se negaba a morir.
Buscaba consuelo en el mismo océano donde las plegarias se volvían inconscientes y las almas temblaban en reconocimiento.
La luna esperaba ansiosa conocer el brillo de ese pequeño sol.
Esa luna vivía al otro lado del mundo, brillando dentro de quien deseaba verla.
Como un poema suelto, ambos astros se enviaban mensajes, como si se conocieran de otra vida.
Una donde se amaron profundamente y juraron encontrarse en la siguiente.
Donde espíritus rebeldes y corazones afligidos por sentir demasiado coexistieran en un amor lleno de balance.

No pretendo una salvación, ni un rescate.
Pero sí deseo tu compañía.
Esa que mantiene tu alma cerca de la mía, que abraza lo más oscuro de mi ser y deja al descubierto lo que no se evidencia en el atardecer.
Quiero conocer tu silencio, ver tus expresiones al alba.
Disfrutar cómo el viento distingue tu sombra y eleva tu risa.
Fantaseo con ver el amanecer entre tus brazos, y que el mismo cielo nos grite que nos amamos.
Que somos lo que hemos estado buscando.
Que somos el hogar construido en medio del caos, en medio de ruinas,
donde solo las flores más bellas encuentran forma entre las grietas de nuestros dedos.

Este es un suspiro al viento, esperando que un día mis letras te alcancen.
Que toquen tu alma, que compartan mi vista del mundo, que el caos de colores llene tu existencia viva.
Amo imaginar el aroma que dejas con tu ausencia.
Imagino cómo abrazas lo que queda de esperanza para levantarme a diario y pensar que no es tan malo.
Que no estoy sola.
Que mis alas aún existen.
Que, al igual que yo, lo sientes.

Como viejos conocidos, quieres verme: quizás en el reflejo de la noche, o en las flores que ves al caminar.
Que sabes que en algún lugar inesperado hay un alma, un corazón, una mujer que vive gracias a ti.
No por ti, sino para ella.
Que entendió que el dolor es necesario y a diario lo enfrenta,
haciéndolo parte de su realidad y abrazando las partes más oscuras de su ser.
Donde el miedo ya no domina su cabeza, sino que respira a diario, a cada instante.

Estoy donde me redefines, donde cambio, donde por catarsis florezco.
Quiero que lo veas.
Quiero que me veas sobrellevar la vida.
Que conozcas el valor de mi fortaleza.

Amaría conocer tus expresiones, tu criterio, tus opiniones y disgustos.
Saber de dónde nace el poeta melancólico que se refleja en la luna.
Dónde pertenece, dónde baila en soledad.
Esa misma luna que ha sido testigo compartido de noches de creación, sensibilidad, vulnerabilidad y liberación del alma.
Donde el corazón llora, pero el alma crea.

A lo lejos, una torre, rodeada por una pequeña isla.
El sonido del mar en la lejanía me consuela.
¿Eres ese marinero de realidades que ha descubierto cómo funciona mi corazón?
Ese que sabe cómo guiarme y cómo sostenerme antes de saltar.
Eres como el tiempo mismo: cercano y certero, pero tan escurridizo.
Quisiera poseer fortunas para verte, para encontrarte…
Y, aun así, el destino nos mantiene en lugares separados, rotos y convencidos.
Aunque la serenidad no siempre es opción ni camino, sino circunstancia,
quiero romper el cristal que llaman destino.
Desafiarlo, quebrarlo, demostrarle que puede ser cambiado.
Que puedo llevar mi vida sobre mis propios hombros.
Que no necesito definiciones durante mi corta y pobre existencia,
en donde no soy relevante para nadie… aún.

Quiero que me encuentres, dondequiera que estés.
Que me busques entre la multitud y seas mi última opción.
No necesito saber quién eres o quién fuiste.
Solo quiero que seas tú.

Quiero simplemente estar.
Contigo.
Verte.
Sin pretensiones, pretextos ni expectativas.
Porque no quiero encasillarte en moldes donde ni siquiera yo encajo.
Quiero que me mires por lo que soy…
y veas magia.
Magia contenida.
Una inspiración.
Un apoyo.
Eso quiero ser.

Aprender a caminar contigo, sosteniendo tu mano, sin dejar de ser.
Amar cada espacio de ti.
Elegirte cada día.
No puedo prometerte para siempre, pero puedo amarte lento,
como quien disfruta un whisky con paciencia y devoción.

Me gustas más de lo que quisiera admitir.
Lo suficiente para desarmarme.
Para escribirte y contárselo al mundo.
Para rogarle al destino que me acerque a ti.
No soy una princesa de cuento.
Simplemente soy fuego, como el sol, quemando las intenciones más blandas.
Y esta vez, solo espero que me encuentres…
Ahora.
No después.

Quiero sentirme anhelada como un presente que rogabas al universo,
para no sentirte solo nunca más.

Podria entender.
Tus letras han sido faros que acompañaron mi alma herida,
viviendo, desde otra perspectiva, la misma lucha.
Situaciones que me hacen detenerme en medio del campo,
voltear la mirada y soñarte de frente.

Quiero que la libertad nos lleve lejos,
que mi alma rebelde sea el motor de tus sueños,
y tú, mi ancla.
Que no me odies por querer desaparecer a veces.
Que podamos seguir bailando entre las nubes,
donde las fantasías se convierten en palabras y realidades.

Quiero que cuando me mires,
veas ese reflejo que tu alma no se atrevió a gritarle al mundo.
Que veas en mí esa esperanza, esa flor que merece ser cuidada,
no arrancada.
Solo amada.
Y admirada.

Un amor lento.
Un amor sabio.
Sin justificaciones.
Solo ser.
Solo sentir.

Fantaseo con que un día llegues a mi puerta,
me mires a los ojos,
y sepas que soy yo.
Esa que tu alma reconoce desde hace tiempo.

Me asusta pensar que deba renunciar a ti.
Me petrifica pensar que estoy escribiendo cartas que el viento consume.
Pero mientras viva, quiero que sepas:
tú has sido mi luz.
La llama que me mantiene en pie.

Mi querido,
aun sin conocerte,
Por favor búscame y encuéntrame.
Sabrás que soy yo.

 

 

FUERA DE MÍ

 

Caminaba desolada por la tierra,
donde el cielo y el mar se refractan el uno al otro.
Mis pies descalzos flotaban sobre el agua,
arrastrando con ellos el grillete de la libertad
y los miedos que me acosan.
Mi espalda sangra, llena de dolor y expectativa.

Ante los ojos del mundo,
solo me estoy encontrando,
me estoy superando.
Soy un ideal de “seguir tus sueños rebeldes”,
mientras caigo desde el último balcón de una torre,
lanzada… por el mismo tiempo.

En esta vida he sido condecorada por mis hazañas incoherentes,
que solo son parte de una lista más grande y bultosa,
una lista que lleva rota muchísimo tiempo.
El gris del cielo se posiciona rápidamente sobre mi cabeza,
sin esperar una respuesta extraordinaria.

Siento que mis pies echan raíces,
atravesando la misma tierra.
Mi cuerpo se mueve por inercia,
como un ser vacío:
un caparazón que se pudre a cada momento,
sin entender el porqué del paso del tiempo.

Siento que mi cabeza se desprende lentamente de mi cuello
cada vez que me felicitan,
sin saber que muy dentro
las paredes que tengo por refugio se caen a pedazos.
Que la comida que tengo escasea.
Y que el dinero, aunque no quiera, se consume.

El miedo me consume lentamente,
y aun así no dejo de buscar e intentar alguna solución.
Quizás la claridad que busco ni siquiera está frente a mí,
sino debajo, o dentro.
Se esconde de mí… quizás.

Quizás, caminando un laberinto,
me deba decidir
y dejar de excusar mi dolor.
Sin embargo, no lo justifico con acciones.
Sigo funcionando sin conciencia.
Lo intento.
No me he rendido.

Aún hay algo de fuego que late en mi pecho,
y aunque no lo entienda,
continúo caminando.

Caminando con el miedo a caer de un precipicio nuevamente y quedarme atrás.
Con el miedo de sepultarme
y que mis miedos me sigan pudriendo el alma.

 

1 Comment

  1. Me impacta esa poesía densa, barroca, donde el lenguaje es lodo y arena y viento. Poemas llenos de vivencias, filosofía, una peculiar y atrevida manera de asumir la poesía.

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