113. Año 11 | 1.ª Ed. Quincenal Jun. 2026 | ADRIÁN ELEUTERI – A la manera de los poetas

ADRIÁN ELEUTERI (D.F., México, 1989) Poeta y narrador. Algunos  de sus poemas y trabajos narrativos han sido publicados en las revistas literarias Alkymia Zine, Casapaís, El Guardatextos, Irradiación, Marabunta, Nomastique, Oculta Lit, Página Salmón, Reforma Siglo XXI, Revista Literaria Trinando, Revista Perpetuum, Revista Tura, Texto/Trazo, Trescerotres y Underdog, así como en diversas antologías, la más reciente: Nueva poesía. 18 poetas contemporáneos (Buenos Aires Poetry, 2025). Instagram: @adrianeleuteri

 

 

 

 

A LA MANERA DE LOS POETAS

 

A la manera de los poetas
Un capitalino de una de las tantas
capitales desperdigadas de Latinoamérica
capitales del tercer, cuarto y quinto mundo
Un capitalino de una de las tantas
capitales desperdigadas de Latinoamérica
recorriendo en la oscuridad las zanjas
espantosas del extrarradio
hundiendo los talones
en el fango más antiguo de la patria
Un capitalino de una de las tantas
capitales desperdigadas de Latinoamérica
perdido en librerías y bibliotecas del extrarradio
librerías y bibliotecas que se extienden al infinito
librerías y bibliotecas que son la garganta, el esófago
el recto o los tejidos blandos y transparentes del humor vítreo
del gran cadáver exquisito de la literatura universal
el juguete más extravagante y mortal de la invención humana
Los neumáticos de mi motocicleta tallan el pavimento
voy a darme en la madre en la barranca
eso me pasa por leer a los malditos desde pequeño
pero nunca se está preparado para ese primer espanto
la boca del revólver sobre el noble
calcio del esfenoides, la boca del revolver que presiona
pesada y momentáneamente la irrigación estomacal
la cartera, puto
el celular
pero uno era pendejo y creía que les partiría su madre
y a veces sí les partí su madre
pero uno era inocente
y en la inocencia de aquella primera juventud
sí les partí su madre
porque el primer trillizo de la inocencia es la suerte y
la primer hermana herida y muerta a chingadazos
es la ignorancia
me encañonarán
me encañonarán una y no sé cuántas pinches veces
porque vivo en el extrarradio de una de las capitales más crueles de América Latina
ciudades santificadas con sangre santificadas
con sangre santificadas con
sangre santificadas
con sangre
sangre
errante de los fierros antiguos y de los yerros cotidianos
y con el hierro de su sangre tatuaron su escalofrío y su amor ronco y rabioso en mi epidermis pero el ferrugo
de su sangre erró el camino de su bazo y en el acto
contaminó mis nervios
las monedas son redondas para que rueden, dijo mi padre
los billetes son ligeros y de papel para que vuelen, dijo mi padre
la cartera, puto
el celular
pero yo entendí que el dinero no importaba
que no importaba
que el dinero
no importaba
y me fui a las librerías y bibliotecas del extrarradio
donde fui encañonado
donde fui navajeado
pero nadie
nadie
ninguna pandilla de cabrones
logró matarme
como los poetas de mi primera juventud
poetas malditos que me acuchillaron en callejones sin salida
prosistas brillantes e infravalorados y virtuosos que pusieron
el revólver en mi sien
y jalaron
el gatillo

 

 

 

ESCRIBIR, ESCRIBIR DEMENCIALMENTE


Escribir
Escribir demencialmente
mientras mi hija reposa
en la esquina transparente de los sueños

Escribir
Escribir demencialmente
mientras el sueño
de mi hija esculpe
sus formas delicadas de conciencia

Escribir
Escribir demencialmente
con un puñal clavado al bazo
con gotas de sudor violáceo
deshaciendo los cuadernos como ácido
y con el frío que atraviesa el cráneo
a punto de cuartear los cigomáticos

Escribir
Escribir demencialmente
porque la bestia
tarde o temprano cruzará la casa

Serena y dulcemente duerme Lía
en la esquina traslúcida del tiempo
y deforma sin saberlo mi conciencia

Seré el guardia de su sueño
hasta que deba serlo

Pero la bestia no muere
o muere a veces
Por eso
si acaso despertaras
hija mía, una mañana
y no me hallaras
a tu lado entrelazando
tu cabello bravo
y rozando, como lo hago
con mi nariz tus labios
acude a un calmo
páramo de tu alma
y escucha el nítido
bramido del silencio
devela el índigo
venal tu memoria
nébula Teófane
refúgiame en tus brazos
y perdóname

Escribo
Escribo demencialmente
mientras duermes, niña
de obsidiana nívea
umbría figura de Selene

Oye mi voz, amada mía
y atiende
La duda
la pregunta
es el nervio inextirpable de los hombres
la primer filosofía
Eppur si muove
Pero la esencia
la respuesta
la verdadera identidad
humana es la poesía

 

Teñir
de luz y sombra al orbe
o la planicie
Tañer
la esquila gáussica
Sonar impredecible
Despertar
Parirse
Alzar los ojos o las alas

Ten el temple, amada Lía
cuando llamee tu crin
cuando los cardenales
perchen tu cara
El viento ardiente fustigará
tu carne sin clemencia
Pero bruñirá tu corazón

 

 

 

BUKOWSKI PARA ESTA NOCHE


Bukowski para esta noche
mientras camino de regreso a casa,
aterido bajo la lluvia, las calles de la capital,
Bukowski para esta noche porque regreso del Estado
de México y el extrarradio me corroe la existencia
como ácido.
Y como ácido quiero decir: La cena está servida:
Bukowski para esta noche.
Bukowski para esta noche porque no tengo un
quinto encima, ni un cuarto acogedor, ni el terso
pelo de mi hija
entre mis manos, mucho menos
medio
pan guardado.
Será único:
Porque no miente entero a mi ente y
entero avanzo, pero cortado,
etéreo empero, trueno arterial,
delta kriptónico, nabla yerbal:
ceráunico.
Bukowski para esta noche, puta madre,
sólo Bukowski
y los faros
de los autos y los pedazos
agonizantes de los astros:
lajas de luz como lejía,
desangran los semáforos
electrizada diamantina
y mis lágrimas se elevan
sobre la llovizna,
túrbidos meteroides
que albergan el horror,
pioneros del espacio ignoto.
Bukowski para esta noche,
una noche no muy puta
sino una noche tremendamente puta,
una noche muy perra, una noche muy jija
de la chingada, una noche de calambres
en el hígado y de dagas, de costras
constreñidas en el alma,
de carcajadas encajadas,
una noche de lengua cercenada por canallas
dentelladas y sangre tibia bajo la tormenta,
una noche de semáforos con epilepsia,
semáforos intervenidos
en los quirófanos del aire,
semáforos infectos de anestesia
sorbida del plasmático
pleamar de mi pobreza
para pasmar sin-táctica
siniestra tegua
su operación a circuito abierto.
Y pálida titila
la omátide pupila…
esa membrana frágil en la que fulgura
a veces
rabiosa
nuestra voluntad.
Mirad bien, mortales, cómo se asfixia.

 

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *