PAOLA CAMPOS. Lima. Lic. en Ciencias de la Comunicación. Apasionada por las buenas historias, es narradora, poeta, productora cinematográfica. Finalista en tres ediciones del Premio Nacional de Literatura con sus novelas, Diecisiete horas, Negro y Alma Morada. Cuenta con siete novelas, además de “Crónicas de Ducha”, el poemario “Indelebles”, el cuento “Relatos de Emilia Zola”. En gestión cultural, funda Pluma Emocional.
KHALESSI
Era una mañana fría, mi mamá se escondió en un lugar cerrado, sentía mucho dolor y salió del lugar donde estaba para buscar a su humana. No podía apresurar el paso porque se sentía pesada y las patas le temblaban. De pronto se dio cuenta que estaba en medio de un charco a la mitad de la sala. La cargaron y se la llevaron.
Pasaron dos semanas, algo les pasaba a mis ojitos, imágenes nubladas, mis patitas estaban más fuertes, conocía a mamá por el olor, pero esta vez, vi su forma, su color, pude ir directo a tomar leche hasta saciarme. También pude divisar a papá y a otros pequeños como yo. Dormíamos y tomábamos leche, mamá nos lamía, nos cuidaba mucho, a pesar de tener una herida en su barriguita. Cuatro semanas después, corríamos por todas partes, ensuciábamos, comíamos y dormíamos, qué gran vida, yo siempre al lado de papá, teníamos el mismo pelaje, pero un día de primavera, llegaron visitas a casa. Una humana me quedó mirando con dulzura, me cargó y me llevó con ella; nunca volví a ver a mis padres ni hermanos, pero su voz me daba confianza, tranquilidad… Mi nombre es Khalessi y les contaré mi historia.
Mis humanos me engreían muchísimo, ropa, accesorios, el mejor alimento, visitas a los controles con uno de los mejores veterinarios de Lima, una de las muchachas que trabajaba en la casa me sacaba a pasear, jugaba con mis amigos que también salían a la misma hora. Junto a mi cama estaban mis juguetes, mi favorita era una muñeca que siempre la llevaba a mi cama y podía dormir encima de ella, su olor me recordaba a mi mamá. Fui creciendo, me convertí en una hermosa Bulldog Francés, admito que ronco al dormir y cuando como algo fuera de mi dieta me dan gases, pero mis papás humanos me adoran, ellos aún no tienen hijos; soy la única engreída.
Cuando cumplí dos años, me hicieron una fiesta fenomenal, ropa nueva, cama nueva, correa nueva y estaba esperando salir con ansías para mostrarles a mis amigos los regalos. Mi nana caminaba a paso ligero, apuré el paso yo también, dimos vuelta a la esquina para llegar al parque, me detuve un momento para olfatear algo que me llamó la atención, mis amigos no estaban lejos, pude percibir sus olores, de repente un auto se detuvo, se bajó un hombre manchado, empujó a mi nana tirándola al suelo, forcejeó con ella, le quitó mi correa, ella gritaba mi nombre, él me cargó y me puso un trapo en la cara, me sentí mareada. Sentí un golpe en las costillas, no podía respirar, me metió dentro de una jaula, solo atiné a quedarme quieta. El hombre manchado gritaba, no entendía lo que decía, el movimiento del auto me mareaba aún más. El miedo se apoderó de mí, vomité, oriné, defequé todo al mismo tiempo. En mi mente solo tenía imágenes de mis humanos, los regalos, la nana arrastrada en la vereda y ese malvado hombre manchado.
El auto se detuvo, abrieron la puerta y en pocos minutos subieron a otro perro, solo que a este lo patearon y le pegaron con una cadena; pobre le habrá dolido. Le vi un parecido a mi amigo del parque, un Golden Retriever. El demonio manchado le puso un trapo en la cara hasta que quedó inconsciente. No entiendo nada… Solo sé que quiero estar en casa con mis humanos, no aquí. Perdí la noción del tiempo y del espacio. El auto volvió a parar, esta vez apagó el motor. Después de varios minutos, nos bajaron del infierno sobre ruedas. De mí no salía un ruido, del Golden menos, seguía dormido. Nos metieron en una casa horrible, se abrió una puerta y nos empujaron adentro, cerraron y ahí me di cuenta que nos habían secuestrado, ¿acaso tendrán intensiones de devolvernos? ¿Pedirán rescate y amenazarán con cortarme las patas o las orejas o la lengua? Mi mamá estará preocupada, llorando. ¿Por qué a mí? Es mi cumpleaños debería seguir festejando con mis perrunos amigos, modelando mi chachá nuevo. Sin embargo, estoy en este lugar asqueroso, encerrada y con un Golden que no conozco, para colmo sigue dormido.
Tengo sed, pero también miedo, no aceptaré nada para que no me duerman… Ha pasado un buen rato, tal vez unas dos horas, no escucho ruido, parece que no hay nadie. Voy a intentar despertar al Golden para al menos tener con quien conversar. Me acerqué a él, lo olfateé, le toqué la cara con mi pata derecha, su cara está fría y dura. No reacciona, le ladré, grité, lo volví a tocar con ambas patas, pero es inútil, no se mueve, está tieso, ¡está muerto! Dios santo, está muerto, estoy encerrada con un muerto, ¡mamáaaaaaa! Sáquenme de aquí, no quiero morir. Grité hasta que me cansé, pero nadie entró a este sitio hediondo que pronto iba a comenzar a apestar a muerte. Mis ojos se llenaron de lágrimas, aullé sin parar por largo rato, me senté en una esquina lejos del cadáver, siento que no puedo respirar, estoy agitada, mi pecho está caliente… mi corazón late a mil por hora, estoy mareada, veo borroso, veo negro.
Un ruido fuerte me despertó, es otro lugar, parece amigable, dos personas me miran desde lejos; pero, ¿dónde estoy? Miro alrededor, estoy dentro de una jaula, estoy presa, qué hice para que me metan a la cárcel, yo no maté a nadie, fue el hombre manchado el que mató al Golden, no fui yo… Esto es una pesadilla. Miré a todas partes, debajo de mi jaula hay otro perro parecido a mí, también está preso.
Unas horas después, se acercó la mujer con platos de comida para nosotros. Abrió cada jaula y metió los platos, solo la miré, no hice ningún intento de acercarme a olerla y menos lamerla ni huir. Mi vecino de abajo, creo que ya está acostumbrado. La mujer con cara de buena gente, tiene un parecido a mi nana, solo que esta es más cuerpona y tiene un lunar en la cara, se acercó a otra jaula tapada con una manta marrón. Destapa la jaula y adentro había una mamá con sus cachorros, son como yo. Los bebitos mamaban de las tetas de su mamá. Le pusieron un plato de comida a ella y un balde con mucha agua turbia.
¿Qué es este lugar? Es una casa con un jardín grande y allí estamos nosotros, pero por qué en jaulas, no puedo parar de llorar, veo todo a mi alrededor y me da miedo, somos varios frenchies presos.
La mamá de los pequeños me quedó mirando, me preguntó mi nombre, me dijo el suyo, Canela y el nombre de mi vecino de abajo, Zeus. También me contó que es su cuarta camada, que está adolorida por la herida de su barriga y que siente las piernas adormecidas. Yo lloraba de impotencia por no poder ayudarla. Zeus y yo estábamos encerrados en esas celdas de fierro y madera, inmóviles sin espacio para nada.
Los días pasaban, la misma rutina, los bebitos crecían y se pusieron hermosos, juguetones y muy comelones. Canela, sin embargo, estaba flaca desnutrida, sin poder caminar. De pronto, un hombre entra al jardín con una cámara de fotos, nos mira, y va de frente a la jaula de Canela, saca a los cachorros, les toma fotos, entra la mujer del lunar en la cara con una canasta de paja grande, mete a los cachorros dentro de la canasta y se van. Canela, solo mira con tristeza como le arrebatan a sus perritos, sus ojos llenos de lágrimas me rompen el alma. Ella solo respiró hondo y murió, ahí mismo, encerrada en una jaula. Horas más tarde, el hombre manchado entró al jardín para llevarse a Canela, la metió en una bolsa grande de basura y la tiró a una caja de cartón, levantó la caja y se fue. Antes de salir del lugar, volteó a mirarme, sonrió y desapareció del lugar.
Al día siguiente, la cuerpona del lunar, nos sacó de las jaulas, al fin pude estirarme, caminar, correr por el lugar. Zeus hizo lo mismo, él es más grande que yo y es un Bulldog Francés Pied, guapísimo, yo soy Brindle, mis patrones son únicos como yo. Desde ese día nos dejaron sueltos en el jardín. Me pareció raro, pensaba en Canela. Los días pasaban sin novedad, meses en la misma rutina, jugar, comer, dormir, conversar con Zeus. Un día me di cuenta que estaba en mis días, recuerdo que mi nana me ponía una trusa y me limpiaba. Acá no hay trusa, menos aseo y mucho menos mi nana. Zeus, se volvió loco, me declaró su amor, pero en qué momento pasó todo esto, yo corría por todo el jardín y él atrás olfateándome, lamiéndome, mordiéndome, montándome, ¡qué susto! Él me dijo que era normal, que así tenía que pasar, que no me resistiera, que iba a ser gentil y cuidadoso, todo el tiempo que estuviera en celo. Cada vez que él me montaba yo me sentaba, no quería darle mi tesorito. Hasta que una tarde lo miré con otros ojos, me acerqué lo olfateé, lo besé, lo lamí y me dejé llevar por el instinto animal. Me hizo suya innumerables veces, era un amor loco.
Mi barriga empezó a crecer, tenía mucha hambre y sed, más sueño de lo normal, no podía jugar como siempre, sentía un poco de dolor en la espalda. Zeus, se echó a mi lado y muy serio me dijo… Serás madre y vivirás lo mismo que Canela, para eso te han traído. Somos animales, ellos hacen dinero con nosotros. No somos sus mascotas, somos su mina de oro. Tienes que ser fuerte, come, descansa y no hagas problemas. Zeus, ya se había adaptado a esa vida, parecía un cómplice de los humanos sin alma, pero era otra víctima, solo respondía a sus instintos salvajes. Lo mismo me pasará, si no me rescatan. Llegó la fecha del parto, vino un veterinario, me hizo cesárea, tuve seis cachorros hermosos, cuatro eran como yo y dos como Zeus. Mis primeros hijos, mi vida entera, los amamanté, los limpié, les puse nombres y me los arrebataron, lloraron al llevárselos. Mis ojos se convirtieron cataratas, no quería comer, no quería nada. No solo me dolía el cuerpo, me dolía el alma, ¿Qué será de la vida de mis cachorros? Los cuidarán, tendrán suerte con sus humanos…
El tiempo es inclemente, nuevamente estoy en celo, la misma rutina con Zeus, una vez más me crece la pancita, otro corte en la barriga, cuatro cachorros, uno blanquito como la nieve, los otros Brindle como yo. La catarata ocular no tarda en aparecer, se los llevaron. Mi organismo pide ayuda, pero no me atienden, siento mis patas adormecidas, me duele la espalda, no me escuchan, aúllo, lloro, dejo de comer, de beber, me aíslo, pero es inútil, la mina tiene que seguir.
Por tercera vez, la cesárea me deja mal, tuve nueve cachorros, muchos bebitos, todos preciosos esta vez seis fueron Pied como Zeus, dos Brindle y uno completamente negro. Amorosos, comelones, fuertes, se llevaron lo mejor de mí. Este último parto me trajo grandes complicaciones, mis patas quedaron inmóviles, no podía caminar normal, las arrastraba. Ya no les servía. Zeus me miró con pena. La diferencia con Canela es que yo seguía viva. Me sacaron de la jaula de maternidad y me echaron a la calle, a un descampado, seguramente a morir. Pasarón varias lunas, la desolación, el dolor, hambre y sed me secaron, mi vida se escapaba, la fe en la humanidad desapareció, y cuando ya me había rendido, alguien me rescató. Me llevaron al veterinario, me curaron heridas, vacunaron, alimentaron, estuve con suero y el alma rota, ya no creía en los humanos, soñaba con mis cachorros, con aquellos malvados sin corazón. Me llevaron a un departamento donde me cuidaron mucho y fueron cariñosos conmigo, me llevaban al parque, pero no podía movilizarme debido a mis patas traseras. Había también otro perro, pero hostil conmigo. Me curaron, me brindaron cariño y respeto, pero no podía quedarme con ellos. Me buscaban una familia que me quiera con mis problemas de salud. Pasó un buen tiempo…
Mi casita estaba en el balcón, desde allí miraba al cielo y les pedía a las estrellas que cuiden a mis cachorritos y también que aparezca una mamá para mí. Lo pedí tanto que al universo no le quedó más que concederme ese deseo.
Una noche, estaba yo echada en la cama dentro de la casita y vi subir a un ángel de cabellos dorados ensortijados, nuestros ojos se cruzaron, su olor me llamó la atención, se agachó y acarició mi cabeza, me habló con dulzura, desde el corazón. Salí de la casa y caminé hasta ella, mis patitas dieron unos pasos. El ángel me cargó y me abrazó, me estrechó en su pecho, me besó los cachetes y la frente. Yo lamí su cara, nuestros ojos volvieron a cruzarse y simplemente fue amor a primera vista. Me pusieron un pañal y me fui de aquel lugar donde me dieron una oportunidad de vida. Me fui con mi nueva mamá, que no me bajaba por nada de sus brazos. Pude sentir el amor que salía de su pecho para mí. Llegamos a su casa, grande, iluminada, salió una schnauzer me miró fijamente, se acercó a mí y me dijo, bienvenida a mi hogar, soy Luka, ven conmigo para que conozcas la casa, acá serás feliz. La seguí, me llevó por todos los ambientes, como si fuera un tour, miraba todo con asombro, sentía paz en aquel lugar. Mi mamá cargó a Luka, y la abrazó mucho, le dijo que ahora soy parte de la familia y dormiría en su cuarto; colocó una cama nueva para mí, sueve y en verde menta, al lado de su King size. Luego, recogió mi popó y limpió el río de orín que dejé a mi paso- secuelas del maltrato- pero a ella no le importa que ensucie, lo limpia mil veces. Me trata con amor, puedo relajarme, estar tranquila, eso amaina el dolor físico y espiritual. Estoy haciendo todo lo posible por llegar a hacer mis necesidades en el jardín, ya lo estoy logrando, pero siempre se me escapa uno que otro mojón dentro de casa.
Ahora soy feliz, ha pasado un par de años, mis patas están fuertes ya puedo correr, salgo al parque, sigo a mi mami a todas partes. ¡He vuelto a creer en la humanidad! Con ella voy a la playa, corro por la arena, mojo mis patitas en el mar, persigo a las gaviotas, puedo mirar la inmensidad del cielo y agradecer a Dios por el milagro de estar viva. Mi humana crea historias, es escritora y yo la acompaño siempre en casa y cuando sale a grabar, porque también es productora de cine, ¿pueden creer que ahora soy actriz? También formo parte de su universo literario. Mi ángel de cabellos dorados, salvó mi alma y siento que yo salvé la suya. Los años que me quedan por vivir, serán dignos, con amor, lealtad, fidelidad y muchos ronquiditos.
Soy Khalessi y cuento mi historia para crear conciencia en las personas. Las mascotas tenemos sentimientos, no somos máquinas reproductoras, la vida se respeta, se cuida, nuestro amor es sincero y es para siempre. No tenemos muchos años de vida, pero sí los dedicamos en cuerpo y alma a cuidar, proteger y dar hasta la vida por nuestros humanos favoritos.