127. Año 11 | 1.ª Ed. Quincenal Jul. 2026 | GISELE MURIAS – Hijo

GISELE MURIAS (Madrid, España) es diseñadora e ilustradora digital. Su trabajo visual parte siempre de la observación: la atención al detalle, a la luz, el color y la forma de las cosas. La poesía surge en ella como una prolongación natural de esa misma mirada, un modo de seguir dibujando cuando la imagen pide palabra. Se presenta por primera vez a un concurso de poesía. @giselemurias

 

 

Hijo

 

La mano en el pelo.

La mirada ida

sujeta el momento

sin decir adiós.

Te retengo al mirarte

fijo el segundo consciente

elevo el recuerdo en mi mente

y tu imagen se queda

conmigo

una vez más.

Duermes

respiras

respiras.

Te oigo.

Clavo mi oreja en tu pecho.

Tu primer regalo

exhalación.

Y desde entonces

cierra mis ojos sin ansia

como un imán en calma

que apaga

mi vibración.

Tú, mi miedo más profundo

la sed de mi abrazo diario

el agua de la jarra

recién vertida.

Tú, que me enseñaste

lo que había dentro.

Ahora vivo en tu pecho

entre tu corazón

y mi latido.

 

 

 

Herida

 

Las palabras son

huéspedes del alma,

la habitan, susurran,

la surcan y a-r-a-ñ-a-n.

Se hacen dueñas y

la pueblan.

Escalan hirientes sus letras

los s_u_r_c_o_s que anidan

abriendo heridas que no están

dispuestas

a cerrar.

 

Son aves del eco

que en las cavernas

p i e n s a n

que siempre hay

alguien más.

Pero sólo son

compañeras de sí mismas

y de la herida que

habitan y yace

sangrante para

no olvidar.

 

La retuercen

la desnudan y

embelesan para

dejarla

M

U

D

A

sin el consuelo

de su desesperanza.

 

Sola.

 

Islas fieles

sin serifas e

itálicas

negras

amantes de la tristeza

que de cuando en cuando

me viene a

susurrar.

 

Las palabras

son.

 

 

Te desvaneces

 

Fluye el humo como agua

bañado de un sol en blanco y negro.

La estancia te diluye.

 

Inclinada

tu silueta dilata el tiempo

lo devora.

 

Tu rostro deshecho es la danza

del duelo en el salón.

 

Chimenea sin llama como un imán

trae tus piernas al interior.

 

Azulejo tibio

testigo del cuerpo que lo habitó.

 

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