STEFANY HERRA CHAVES es una escritora costarricense de 33 años de edad. Licenciada en la Enseñanza del Castellano y la Literatura. Ha destacado en el abordaje de temáticas como el terror, la fantasía y el erotismo. En 2024 publicó cuentos y microrrelatos en editoriales de Chile y Argentina, además de difundir su obra en revistas digitales mexicanas. Instagram: stefany herra chaves
Prófugos del paraíso
Los besos narraban épicas luchas
de deseos profanos.
Desterrados, en la frágil frontera de los sueños,
volvía el amante a reposar su fuego en mi piel.
Sombras escurridizas
presagiaban la desgracia de mi dulce delirio.
Y el cautivo descendía.
Y el alma mutaba.
Los dioses se escandalizaron ante la osadía.
Advertía la lechuza una vez más.
¿Cómo podría atacarme?
si se derrumbaba extasiado sobre mí,
vulnerable, temblando,
desposeído de sí mismo, por unos instantes.
¿Cómo podría alejarse?
Si se permitía salpicar mi vientre con su néctar mágico de vida
Y quedarse allí, conjurando una promesa.
¿Cómo podría vivir sin mí?
Si su esencia misma dormía conmigo
cada noche,
del otro lado de la almohada.
Espejismo
Tuve un sueño alguna vez,
un espejismo mágico colgado en el balcón de mis pupilas,
que falto de toda partícula de razón
aseguraba que yo era feliz.
Caminaba descalza sobre ríos de agua tibia
y al voltear a los suburbios de mi alma
vi mi pelo echar raíces sobre una piel eclipsada
que entre sombra y claridad pudo contra mi falsa,
tan falsa voluntad de pertenecerme entera.
Había en mi cuerpo primaveras ocultas
que brotaban fogosas sobre un volcán de fuego,
mientras el ruedo del vestido anunciaba glorias eternas
tatuadas en pedazos de seda y algodón.
Una brisa delicada rozó mi rostro
reconociendo, quizás, una risa de antaño,
que vencida por la vil rutina pasó a ser una mueca vacía,
rota,
despojada de toda ilusión.
En un suave palpar
volvió a mi memoria un lienzo de nubes de miel
y en un momento absurdo, reí,
como ríe quien ignora su propio infierno.
Plano surrealista
Delirantes maniobras de engañar al instinto,
la hija de eros cae postrada ante mí.
Fantasía conjugada en un plano surrealista,
ganas derretidas, espejismo de recuerdos…
Muslos vitales y salados,
sudores que se pierden en el paladar
y aumentan la sed de quedarme inmóvil
contemplando con dibujos
mis dedos en su boca,
evocando una lucha de ir y venir,
saboteando la poca resistencia ante lo prohibido.
Prófugos del paraíso,
hijos de la perversión oculta,
piel tersa, abdomen delicado
y un mar de penetraciones suaves
golpeando una vida entera
lista para morir o para renacer.