JESÚS ALBERTO SÁNCHEZ VALTIERRA es ingeniero en alimentos, administrador de empresas y maestro en Docencia, originario de Irapuato, Guanajuato. Profesor virtual en la UVEG y coordinador académico en EDUCEM, desarrolla proyectos orientados a la mejora educativa y la formación crítica, integrando experiencia profesional y compromiso permanente con el aprendizaje. Instagram: https://www.instagram.com/jesus_sanval/
EXVOTOS
1. LOS CUERPOS
Todo exvoto empieza en el cuerpo —
en lo que duele, en lo que tiembla,
en lo que no obedece.
GRACIAS SEÑOR MALVERDE QUE EL OVNI NO SE LLEVÓ A TOMÁS EL CERDO
Bajo un cielo que no debería ser tan azul,
donde las estrellas parecen semillas
que alguien olvidó plantar,
un disco redondo baja.
Verde fosforescente.
Callado.
Sin pedir permiso.
El plato metálico
abre su ojo sobre el campo.
El mismo campo,
que ha visto lluvias y muertes sin nombre,
guarda silencio por primera vez en su vida.
Sube el cerdo Tomás.
Sorprendido él también.
Una mujer lo jala desde el instinto de no perder lo que es suyo.
Un hombre lo jala desde algo que todavía no sabe nombrar.
La gravedad no sabe qué hacer.
La luz no explica nada.
Pero Tomás no se va.
Es lo único honesto en toda la escena.
Los astros observan desde lejos,
verdes y perplejos,
sin opinar.
Abajo, la pregunta de siempre:
¿qué se agarra y qué se suelta?
A lo mejor el universo nomás preguntó en voz alta
lo que nosotros llevamos tiempo callando.
Y ahí queda todo,
en colores
que no le piden permiso a nadie.
MILAGRO EN EL HOSPITAL, 1932
Al Señor del Hospital, Museo Amparo, Puebla
Tres mujeres de negro en el cuarto.
Una vela. Un Cristo arriba, ardiendo en su nube.
Un enfermo en la cama que ya no contesta.
Las hermanas no lloran todavía.
Ahora solo rezan
con esa concentración silenciosa
de quien ya no tiene más argumento
que el cuerpo de otro.
El Señor del Hospital decide —
nadie sabe cómo —
quedarse un poco más con ellas.
El enfermo abre los ojos.
Las mujeres solo se miran entre sí
con esa cara que tiene la gente
cuando pasa lo que no debía pasar.
Alguien mandó hacer la lámina después.
Y escribió abajo, con letra apretada:
milagro que hizo el Señor del Hospital.
No hay más explicación.
No hace falta.
ANTONIO MEDINA Y EL ESTÓMAGO
Señor del Hospital, s. XIX
Antonio Medina llevaba meses
sin poder comer sin dolor.
El estómago, dice el exvoto,
se le iba bastante mal.
Fue de rodillas al Señor del Hospital.
Le encomendó el estómago.
Toda la oscuridad de adentro.
El Señor lo oyó.
O eso dice Antonio Medina,
que ya come, que ya duerme,
que manda hacer este retablo
con todo lo que le quedó.
Hay cosas que solo se le cuentan a Dios
porque el cuerpo no tiene otro idioma
para lo que no se explica.