SHANAT ANDREA OLIVEROS AVENDAÑO, conocida bajo el seudónimo SHADRE, nació en Bogotá, Colombia, y tiene 37 años. Vivió sus primeros 15 años en la capital colombiana, donde cursó sus estudios en un colegio dirigido por religiosas. En 2005 decidió trasladarse a la ciudad de Tunja para estudiar pedagogía en lenguas, motivada también por sus raíces familiares en el departamento de Boyacá. Allí entabló relaciones significativas que marcaron su formación tanto académica como emocional, y que la acompañaron en el camino hacia la obtención de su título como Licenciada. Además de escribir, disfruta escuchar música, cantar, leer, ver televisión y películas. Actualmente, ejerce como educadora, una labor que le brinda una profunda satisfacción al poder ayudar a otras personas a construir sus sueños a través del aprendizaje de idiomas.
CAMINO A LA RESTITUCIÓN
Despiertos cuando todos duermen,
mis hijos sueñan calaveras con gusanos,
una pesadilla que se vuelve realidad…
¿Nos amenazas con tu arma?
Huimos sin pensar en lo que fuimos;
esos hombres se pavonean con orgullo.
Nuestra casa se reduce en cenizas…
Nuestro hogar, en un dolor y miedo profundo.
La incertidumbre se convierte en aliado,
recorremos kilómetros de desesperanza.
El desprecio en la ruta es palpable,
el hambre borra nuestra tristeza.
Un pedazo de pan al llegar a la ciudad,
no podemos ver a los ojos,
solo agradecer con un poco de vergüenza,
nos abrazamos para mermar el frío.
Nos arropan los recuerdos y la nostalgia,
las caras desconocidas miran con desconcierto,
tan vulnerables nos hemos vuelto
que solo nos queda orar por un Dios.
Después de años de lucha y sacrificio,
entre acuerdos de paz como pavimentos fríos.
Nos han devuelto todo lo que somos,
hemos vuelto a nacer.
Nuestras tierras nos han visto regresar y
son testigos de nuestra batalla más desafiante.
Aquellos hombres se desvanecieron en la penumbra;
sin embargo, jamás se irán de nuestra memoria.
A MANO ARMADA
La fuerza y la rabia que invade,
resulta nuestros pasos al andar
Limpio mi frente bajo el calor sofocante
Que ahoga nuestra altivez
Las botas se inundan de humedad;
aún más, de ahínco y exhorto.
La adrenalina nos apresura
A la penumbra del combate.
Un silencio tenso me reanima,
Los fusiles chasquean al cielo,
Vi hombres y mujeres sollozar
Escuché niños y niñas gritar
Mi comandante al mando:
“Ahora sí, desocupen las casas”
Mi corazón explota de batidos,
Todos apuntando a las masas
Al mirar los ojos de ella,
Una mujer enclenque
Me enfrenta con su cuerpo
Sus “repollos” detrás de ella
La miro con desprecio,
No le importa mi fusil
Ni que la amenace,
Es una ingenua atrevida
He ganado la batalla
Soy quién tiene su rincón
Soy ahora el rey de sus tierras,
Terratenientes del miedo.
DESIGUALDAD AL PODER
Desdichados porque no son del partido
Ya que jamás recibirán su tajada
Caminan en senderos llenos de surcos,
Así es nuestra democracia desigual
Nos prometen, pero chanchullos meten
Todos tan jodidos y desesperanzados
Agarramos los zapatos para andar
Alzamos nuestra voz a protestar
Pancartas se deslizan en las calles.
La fuerza de la justicia nos empuja
manos alzadas con reivindicación
nos dirigimos a la confrontación
Ellos nos observan con desdén
Nos hablan como corderos sometidos
Pero no me creo más su charlatanería
¡Porque aquí si qué falta gobernabilidad!
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