NICOLE MENDOZA es escritora y creadora de espacios íntimos donde la emoción se transforma en palabra. Su obra explora el amor, la memoria y la identidad desde una mirada honesta y vulnerable. Cree en la escritura como refugio y revolución. Actualmente vive en Portugal, donde cultiva historias, café y silencios.
Trilogía: Combustión
I. El primer temblor
Como dos rocas que chocan y hacen fricción,
me sentí cuando te vi.
No fue magia,
fue física:
colisión,
impulso,
materia encendida en un segundo.
No supe si era deseo,
temor,
o una vieja herida tocada por accidente.
Solo sé que algo se movió
en mi pecho,
en mi garganta,
en la parte exacta donde guardo
todo lo que no quiero sentir.
No lo dije.
Callé como quien presiente un incendio
y se queda mirando el humo
antes de correr.
II. Llama desbocada
Primero fue el calor.
Luego, el incendio.
No preguntaste si podía arder,
y yo no supe cómo no hacerlo.
Te volviste verbo en mi cuerpo,
explosión en mis gestos,
peligro dulce que olía a destino.
No había espacio para el juicio,
ni tiempo para medir las consecuencias.
Solo llamas,
desbordes,
y la certeza de estar vivos
aunque doliera.
Mi piel no sabía de pausas,
mi voz temblaba como si cada palabra
fuera una chispa más.
Nos quemamos sin freno,
sin mapas,
sin salvavidas.
Y aunque todo ardía,
no hubo parte de mí que no dijera:
valió la pena.
III. Renacer del polvo
Cuando todo se apagó,
no quedó silencio,
quedó eco.
Tus palabras seguían dando vueltas,
pero ya no dolían.
Mi piel, que antes ardía,
ahora aprendía a respirar sin cenizas.
Recolecté los restos,
los miré sin rabia,
y supe que había sido real.
Aunque se quemara.
Aunque no quedara intacto.
Las cenizas me cubrían, sí,
pero no eran peso: eran historia.
Y sobre ellas,
planté algo.
No sabía qué crecería,
pero esta vez lo hice sin miedo.
Porque entendí
que no todo final es ruina,
y no toda combustión destruye.
A veces, arde lo viejo
para que nazca
lo que por fin se atreve a ser.
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