ARTURO A. DOMERCQ vive en Madrid, España. Desde muy joven encontró en la escritura una forma de expresión, y en la poesía, un espacio íntimo donde dar forma a sus sentimientos. Este año 2025 ha publicado su primer poemario “La piel invencible”: el amor, el duelo y el renacimiento emocional son los tres principales temas en los versos de su incipiente carrera.
SIN REQUISITOS
Si alguna vez me ves temblar
sin los acordes de tus dedos,
con dudas afinadas en mi piel,
sin anatomía en la intimidad,
quiéreme así: sin requisitos.
Si no me quedaran energías
al ritmo salvaje de tu cadera,
y esto hace que se suicide
toda mi altruista inspiración,
quiéreme así: sin requisitos.
Si, de repente, pido dimisión
a los pálpitos de mi instinto,
si el corazón acaba por fenecer,
narcotizado por mis miedos,
quiéreme así: sin requisitos.
Si, tal vez, quisiera cronificar
al pasado, para así rendirme
a las piernas de ese sabotaje
que da vértigo a los sentidos,
quiéreme así: sin requisitos.
Por eso, escala aquí dentro,
dentro de esta honestidad
que es opuesta al desvelo
y sueña con volver a soñar,
quiéreme así: sin requisitos.
Ven, presume de mis manos,
para cobijar a estos temores
en las raíces de tus mejillas,
sin la sabiduría de mi dolor,
quiéreme así: sin requisitos.
PERFECTA EQUIVOCACIÓN
Ayer creí haberte encontrado
en la alameda de la bondad,
en esa misma arboleda salvaje
del relato de nuestra historia.
Pero ya nada parecía igual:
desde esa gélida primavera,
sentía miedo a esos miedos
del prisma de mi ansiedad,
vivía en puntos suspensivos.
El dolor se fue acomodando,
sin mencionar a mi nombre,
inventando un idioma estéril
a todos nuestros encuentros.
Y cuando rompí las cortinas,
con disonancia en mis dedos,
me convertí en aquel suicida
que vive y muere en solitario.
Por eso reclamé admiración
al algoritmo de tus piernas,
pero tú siempre querías huir
a la ciudad de la indiferencia.
Entonces, ese mismo cierzo
se convirtió en un huracán,
temible y vulnerable a la par,
como aquel crimen pasional
que busca ahorcar al ciervo.
Sí, el homicidio más precoz
hizo cómplice al trastorno,
cuando no supe quién eras,
sin saber nunca quién fuiste.
SE LLAMA INMENSIDAD
Si la vida te impulsa a la desidia,
se te olvida cómo navegar,
y quieres volver a sonreír,
piensa en el tacto de mis ojos
para secar el ocaso del desvelo.
Cuando tu rostro no amanezca
y tu nombre se haga inefable,
en aquellos párpados vacíos
llenos de tristeza y melancolía,
piensa en mí para volver a flotar
en las sábanas de mis brazos.
De esta forma tan apacible,
verás en tus nítidas lágrimas
el aterrizaje a la valentía,
descubrirás que, dentro de ti,
existe la inmensidad del mar.
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