189. Año 10 | 1.ª Ed. Quincenal Sep. 2025 | YOLANDA PÉREZ – La medida exacta

YOLANDA PÉREZ, escritora y consultora de profesión en Madrid, España. Ha publicado dos novelas y un libro de relatos con fines solidarios. Su pasión es leer y ser leída. La poesía es una forma de transmitir todo aquello que no puede expresar de otra forma.

 

 

La medida exacta

 

Por fin lo encontré,

detrás de una pila de platos,

escondido, huérfano,

junto a un conjunto de vasos.

El vaso de café de mi abuelo

tenía la medida exacta,

ni más ni menos,

para durar, lo que duraba

una tarde de confidencias y risas.

¡Inconsciente felicidad!

El vaso de café de mi abuelo

tenía la medida exacta,

ni más ni menos,

para reparar un desencuentro,

unas palabras malsonantes o

un corazón roto.

Ahora que lo encontré,

no sé qué hacer con él.

Porque la medida ya no es exacta,

o me sobra o me falta.

Quizás sea porque mi abuelo

era quien daba a ese vaso

la medida exacta.

 

 

El pintalabios rojo

 

Llevas más de diez años seco,

Permaneciste en la misma repisa,

Quieto, en paz, en calma.

No te inmutaste

cuando ella te abandonó.

Pensaste que podrías

cubrir otros labios,

Pensaste que otras te utilizarían,

Pero no fue así,

Ni siquiera te echaron de menos.

Solo ella le daba sentido a tu existencia.

Y ahora ya nadie más lo hará.

Pasarán los domingos de misa,

Pasarán las veladas de teatro,

Pasarán las noches de fiesta,

Pasarán las tardes sin prisa.

Pero tú seguirás ahí, esperando

A que otra alma ajena,

Vuelva a desenfundarte para

Creer que con un simple gesto de color

La vida vuelva a valer la pena.

                                                                                         

 

Los zapatos de tacón

 

Llamaban la atención

quizás fuera por el terciopelo negro,

por la hebilla perlada,

por la altura de su tacón.

Quizás fuera por la base de plataforma,

por el diseño vanguardista,

por la delicadeza de su curvatura

o por la estructura de la horma.

Quizás, quizás, quizás.

La duda se disipó el día

que ella dejó de ponerse esos zapatos.

Porque el terciopelo le daba alergia

porque la hebilla le apretaba,

porque la altura le daba medio

porque la horma le venía pequeña.

Entonces, dejaron de llamar la atención

Simplemente porque ya no era ella

quien calzaba esos zapatos de tacón.

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