201. Año 11 | 2.ª Ed. Quincenal Sept. 2026 | DESIREE JIMÉNEZ COLLIE – Otra puerta

DESIREE JIMÉNEZ COLLIE es poeta y narradora dominicana. Ha publicado los poemarios Biografía del Silencio y El olvido tiene memoria. Ha participado en talleres literarios y forma parte del Catálogo de Escritores Dominicanos de la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña. Su escritura explora la memoria, la identidad y la intimidad desde la extrañeza de lo cotidiano.

 

 

 

Otra puerta

 

Se abrió mi boca,

apareció un silencio nuevo

que no acaba nunca

de llegar.

Hay almas que

desaparecen

cuando aparece

la voz.

También dolores

que no tienen

nombre,

pero saben

dónde sentarse.

El mío eligió

una silla

junto a la ventana.

Durante meses

no dije nada.

Le dejaba agua.

Abría las cortinas.

A veces

hasta movía la silla

para barrer.

Una mañana

pronuncié tu nombre.

No ocurrió nada.

Eso pensé.

Después vi

que la silla

estaba vacía.

Me acerqué.

En el asiento

había quedado

la forma de alguien

que acababa

de levantarse.

 

 

No cualquier invasión—

 

Junio amaneció

creciendo.

Avanzó desde el principio

lentamente,

sin hacer ruido,

sin pedir permiso.

Como quien

está seguro

de que el sol

le pertenece.

Primero ocupó

los bordes.

La sombra breve

debajo de los árboles.

El olor de los mangos

todavía verdes.

La pereza

de ciertas horas.

Después fue tomando

otras cosas.

Las ventanas abiertas.

Los brazos.

La costumbre

de quedarse un poco más.

Y cuando quise darme cuenta

ya estaba en todas partes.

En la ropa tendida.

En los vasos de agua.

En el zumbido insistente

de las tardes.

Nadie lo vio llegar.

Esa fue siempre

su manera de vencer.

Ocupando despacio

el lugar de las cosas

hasta que terminamos

confundiéndolo

con nuestra propia vida.

 

 

Naranjas agrias

 

Yo lo olvidé.

O eso creí.

La casa siguió

en su sitio.

Los platos.

Las ventanas.

La fruta

madurando sobre la mesa.

Hasta que una mañana

partí una naranja.

Nadie me preparó

para el sabor

de las naranjas

agrias.

Tu ausencia

volvió primero

a mi boca.

Después

la memoria

se hizo cargo

del suelo.

Tuve que sentarme.

No porque te recordara.

Porque por un instante

supe exactamente

qué había olvidado.

Aunque no fuera verdad.

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