La escritora y poeta Erika Mendoza Huamaní nació en Arequipa – Perú. Estudió Lengua, Literatura, Filosofía y Psicología en la Facultad de Ciencias de la Educación de la UNSA, Licenciada en Educación y concluyó su Maestría en Gestión y Administración Educativa en la UNSA. Por el momento continúa como un sujeto divagante de ilusiones de locuras e idealismo. “Sumergido en el averno, el pensativo objeta al tiempo; mis pequeñas aves moran en júbilos lacónicos, conllevando inocencias puras y soñadoras, pero al rebelarse son desterrados y apresados”
CLEMENCIA
La pureza es observada
en tal gentil criatura…
La naturaleza es avivada
y los seres la custodian
con cantos alegóricos…
Los cielos resplandecen
ante su mirada…
Aquejada aquella lluvia,
en tal reluciente existencia…
Frente a su ausencia
El cielo llora por almas desterradas
Su mirada curiosa
con ideales incesantes,
la locura la rodea
en tal gentil criatura…
Sus ideas estrafalarias
salen de tal cordura…
Frente a ella…
La primavera resuena de algarabía…
El verano la sumerge en tal primorosa aventura…
El otoño la deshoja…
El invierno, frente a la muerte aquejada, la espera…
Su vitalidad se solidifica…
Sus ideales se confinan…
Su voz enmudece…
Su mirada careciente de esplendor
se pierda en tal nebulosa…
Frente a un tumulto
De ingenua ilustración.
Frente a un tumulto
De carente libertad.
La pequeña criatura
pidiendo clemencia
observa…
Embusteros predicando la verdad,
dictaduras disfrazadas de libertad…
Ante tal aflicción
la criatura observa…
Desvaneciente ante el suplicio pierde toda esperanza
muriendo en desolación.
ESPERANZA
Horizontes nublados ante la dudosa perspectiva,
el cielo llora por almas perdidas,
el tumulto sonríe
ante el consumismo.
El pequeño con una mirada taciturna…
Observa
y comprende…
Que la esencia es olvidada,
el descanso de plenas almas,
la llegada de inocentes,
adinerados con miradas despectivas,
desprotegidos con miradas de clemencia…
Ante los bosques del ocaso,
sumergido en el abismo…
En búsqueda de un significado…
Pues en plena soledad,
el pequeño niño angelical es olvidado…
Divaga y contempla…
A pequeñas aves,
con júbilos constantes e ideales incesantes…
Pues…
Solo en los sueños podemos ser libres,
extraer el tuétano de la vida,
no debemos resignarnos.
Todo el mundo murmura la verdad,
solo unos se cubren la cara
aunque lloren y escriban la verdad…
A la espera de su llegada.
Pues, el nacimiento
hace alegado,
a la armonía, la paz,
y la unión
De seres apreciados…
Aquellos puros y afligidos de corazón.
Pues la nochebuena aún espera,
la unión de las personas,
la esperanza ante la inquietud,
la paz ante la guerra…
Pues la nochebuena aún espera…
La llegada del aquel niño
quién salvará a la humanidad.
SER
El lacónico día
fuera el inicio de la tempestad,
el sujeto se sumerge en la brevedad,
las palabras escritas están,
las miradas turbantes serán…
Si el día florece,
la noche dormida está,
solo una vidente será testigo
de tu crueldad…
Esplendorosa y genuina… Fría y lacónica…
Se muestra la luna…
Ante una desventura.
de la brevedad…
II
Ante tal genuina belleza
El campo revolotea
Entre pequeñas semillas
Que se esparcen al compás del viento
Ante un soplo alarido, volarán… Ante un deseo anhelado, partirán
Sumergido en sus pensamientos divaga
III
Ante tal flamante camino La pequeña avecilla curiosa
Observa la juventud eterna en sueños
Caminos complejos,
Ideales frustrados,
Sueños corrompidos,
Corazones en suspiros…
Otros reviven ante la perdida
Otros mueren con el alma perdida
Y el tiempo es pausado ante la rutina
Y el tiempo es breve ante la experiencia vivida…
La pequeña ave observa
caídas constantes en criaturas inocentes anhelando un sueño real…
Con optimismo reciben la vida…
Con miradas de fidelidad…
La pequeña ave canta
ante un amanecer…
Lleno de clamor,
revive a los vivos,
levanta a los muertos
en memorias de una historia por contar
Y aquellas finalizadas al azar…
La pequeña ave canta
al inicio de su vuelo,
con un fuerte alarido,
emprende su camino,
ante un horizonte de clamor desconocido.
La pequeña avecilla reposa
en una de las ramas
De un árbol ancestro
Escuchando en murmullos la voz del viento…
Susurran las hojas,
Susurran las montañas,
Susurran los sueños de los perdidos en vida,
Susurran los lamentos de los muertos en vida,
Aquella mañana ante un sonar tocar una pequeña niña observa…a la pequeña avecilla en su último cantar…
La estación culminó llevando consigo
Una vida al cual admirar.