WILSON FERNANDO LOAYES OROZCO (San Juan Ostuncalco, Quetzaltenango, Guatemala, 1991). Poeta, escritor, cuentacuentos y editor. Hombre maya mam. Autor de varios libros, ha ganado premios literarios y participado en encuentros y festivales de literatura. Sus poemas han sido publicados en revistas y antologías de distintos países. Actualmente se dedica a trabajos diversos y es director general de la editorial artesanal Pequeña Ostuncalco Editorial (POE).
BESO
Ella atisba sus ojos
y al besarle,
mira hacia adentro de ellos.
Él siente el latido,
abre alas en su pecho.
Ambos, volando,
bajan al mundo
y vuelven a sus labios.
En cada beso,
dibujan el mundo,
los planetas y las estrellas;
cuando abren los ojos,
un relámpago brota
y el universo renace.
EL ABUELO LLAMA MAR A TODO LO QUE NO LE AGRADA
El abuelo llama mar a todo lo que no le agrada:
al viento que desguaza el techo de lámina en noviembre,
al sol que calcina los brotes tiernos en agosto,
a la lluvia que anega la milpa en junio,
a la fiebre que le trepa por las noches,
a los huesos que le niegan el sosiego a los ochenta,
a la soledad que se sienta en la mecedora al atardecer,
a la factura de la luz con su frío numérico,
a la carta del banco con números rojos como heridas,
al silencio del teléfono que nunca suena para él,
a las fotografías que se desvanecen en la pared,
al dolor que lo ciñe al amanecer,
al oído que ya no captura el trino de los pájaros,
a las tradiciones que se pierden en el olvido,
al idioma que sus nietos ya no quieren hablar,
al Dios nuevo que habla con gramática de acero.
Pero cuando el verdadero mar
le llegue con su salobre canto,
con su vastedad sin dueño,
el abuelo sonreirá y dirá:
“Éste no. Éste es distinto.
Éste sabe a todos los ríos
que bebí de joven”.
Y se abandonará a la marea
del gran mar originario,
que nos late en la sal de la sangre.
EL HUEVO DURO
El huevo duro que rueda entre las manos del abuelo
aprendió la curvatura del mundo maya.
Su cáscara es un códice pétreo: registra el paso
de los que no se dejaron quebrar.
Lo llevan a la milpa escondido entre la ropa,
comparten su redondez y su silencio bajo la lluvia,
lo convierten en comunión
entre surcos de maíz
que nacen contra toda evidencia.
El abuelo mira su superficie lisa
y le devuelve el rostro de su pueblo:
apretado contra sí mismo,
endurecido por el tiempo,
íntegro contra el olvido.
Sabe que mientras haya huevos duros
rodando por mesas pobres,
habrá algo que no podrán quebrar:
ese núcleo compacto de dignidad
que se forma justo cuando el agua está más caliente,
ese centro solar que preserva
el secreto de la continuidad,
esa forma ovalada que contiene
el universo completo de lo que significa
permanecer.
Excelente el trabajo del querido Wilson.
Noble condición la de la revista electrónica, un abrazo y la felicitación desde Comitan Chiapas. Por favor suscribanme a ella.
Bendiciones