219. Año 11 | 1.ª Ed. Quincenal Oct. 2026 | NAIOMY Z. LÓPEZ RIVERA – Alborotada

NAIOMY Z. LÓPEZ RIVERA, vive en Carolina, Puerto Rico, es escritora y bailaora de flamenco. En búsqueda de un refugio ante las políticas de austeridad y los desastres que atacaron su Isla encontró la poesía. Entre sus escritos está su poema Somos una Ola (2021) seleccionado para la convocatoria Escribir el cuerpo femme y Pacta Sunt Servanda (2023), que fue publicado en la revista de derecho In Rev.

 

 

Un lugar para quebrarse

(A la Julia)

 

Son 25 años apenas.

Allí donde estaba esa gran mujer

ahí estoy ahora,

y lo entiendo.

 

Muy tarde, tiempo muerto

tú muerta,

y sola yo quedo.

 

Nunca nos conocimos,

pero somos unidas

a veces como silueta

solo en sentimiento.

 

Te perdiste sin tu santuario,

uno para llorar, para romper patrones, aunque suene como romper huesos.

Hoy estoy aquí,

y quiero uno a prueba de tormentas.

 

Qué pérdida, qué búsqueda.

Qué hambre de más,

qué miedo de menos.

 

Con suerte he vivido un cuarto de mi vida,

mas las palabras ya en mi mente se quedan cortas.

¿Quién es una vela sin mecha?,

¿una novela sin historia?

 

Me he vuelto un ser que divaga,

y la vida no espera ni perdona.

 

El fuego interior de mis años apenas calienta hoy.

Necesito llorar con la promesa de que será fertilizante para el mañana.

Quiero que mis gritos endurezcan mis troncos,

¿por qué se siente como pedir agua en sequía?

 

No he encontrado espacio en esta tierra donde el tiempo se detenga.

Perderme es encontrarme allí, lo sé, lo será.

Aquí no,

aquí perderme es solo perder,

hasta las fuerzas.

 

Busco un lugar para quebrarme.

Donde aspirar no duela,

que no se sienta como corazón contra costilla.

Que el fuego siempre arda hasta que me vuelva cenizas

y después, finalmente, despertar.

 

 

Alborotada

 

Ámame así,

rizos sueltos hasta el pecho.

Con voces que murmuran cada vez que sonrió.

Voluntariosa con mis deseos,

bondadosa al compartir mis miedos.

 

Un puñado de ideas que a veces son cuerpo de mujer,

otras tantas solo fuego y otras pocas un juego al azar

entre sueños y vida.

 

Le he temido a todas mis esfinges,

excepto a las que sostienen el lápiz y el papel.

 

He conquistado sonrisas,

pero las lágrimas se me desbordan como cascada.

Me inundan hasta el alma,

y jadeo como jadeo

como si todo el aire del universo fuera mío.

 

Este mundo me lo debe.

¿Cuánto apostó en contra de mí?

¿Cuántas veces me dio razones para que el olvido fuera salida?

 

He crecido en los últimos años

me gustaría pensar que solo hacia adentro,

como aquel entonces, pero también hacia afuera.

Hacia el lado, hacia arriba, hacia abajo.

 

Hacia aquellas dimensiones en las que los abrazos son presagios,

son historia,

no sobran.

 

He soñado con amar pero también con la locura,

¿es posible tener una sin la otra?

La fiebre se ha quedado corta y por eso me cuestiono todo.

A muchos los consumió por completo

y las respuestas les sobran.

 

Conmigo no tendrás respuestas,

pero la lluvia te sanará mientras bailamos.

No sabrás si las flores adornan mi cabello o si yo las adorno a ellas.

Sentirás que tu estómago te arde

y te reirás tanto que pensarás que has sido hechizado.

 

Esa es mi promesa para ti.

 

Hoy es uno de esos días que estoy descontrola’,

en mi cabeza me veo en ciudades distintas.

Enfrentando muertes ficticias,

saludando a fantasmas.

¡Vuelo!

Vibro con alegrías esporádicas que ni sé de qué parte de mi cuerpo brotan.

No ves, mi mano tiene 6 dedos cuando se supone que tenga 7.

 

Aun así,

en cada una de esas versiones

—volviendo a contar esos dedos de más—

en donde quiera que estés, te espero.

 

 

Escasa

 

El miedo a la pérdida

me hace carecer de ganancias.

 

Quisiera contarles historias,

pero todas son de una vida pasada.

Se escurren de mis manos

y pregunto si alguna vez fueron mías.

 

A veces me licuo en su tierra

y las voces de aquellos que vinieron

son olas contra muelles,

me carcomen de cimiento a cielo.

 

Sus ilusiones no son mi reflejo,

y los “ay bendito” se derraman de sus bocas.

Quisieron mucho, les di todo, y no es suficiente.

Escasa, argumenten, es mi nombre.

 

Soy contracorriente pero jamás rompeolas.

Una sola en contra,

la otra persiste.

Rompe.

 

Me canso de buscar en amaneceres propósitos.

De que vean la hipocresía como una medalla de astucia.

Que mis presagios se cumplan y que no pueda huir.

Espero que los rayos de sol revelen su naturaleza,

pero no todos los monstruos se queman.

 

He tenido tres nombres

todos buscan justicia ¿y si la encuentran?

 

Mi naturaleza es camaleónica

pero inconstante en contradicción.

 

No lo ves,

he aprendido en mis cortos años de vida

a usar sus reclamos como bandera,

hoy,

mañana no prometo.

 

Yo hago eco a algunas voces

le grito a otras.

Reclamo al fuego

por cada ceniza.

A la sangre por cada gota.

 

Cuestiono las grietas, hasta las mías.

Nómbrenme

nadie me quita el primero.

Yo no busco sombras

leer las hojas de sus arboles chuecos.

Ver sus espejos rotos y un falso reflejo.

 

Mi voz les cansa y mis quejas son para ustedes llantos.

¿Y a mi qué? ¿no creen que la garganta me quema?

Que camino un paso y me arrastro cien.

 

Mas el silencio es despojarme de mí.

es arrancarme la piel y esperar a no estar desnuda.

Es encontrarme y ser pesadilla

 

A veces me licuo en sus tierras,

otras veces soy arado.

Saco su hierba mala. Siembro mi semilla

pero ¿no da nada?

 

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