42. Año 11 | 2.ª Ed. Quincenal Feb. 2026 | MARIANELA SOTO MONCADA – Castillo de arena

MARIANELA SOTO MONCADA, poeta chilena autodidacta, nacida en Gorbea, Región de La Araucanía. Educadora Diferencial de genuino compromiso con la cultura y el arte, es recepcionista del Museo de la Solidaridad Salvador Allende en la ciudad de Santiago. Su poesía, de lírica íntima y lenguaje evocador, debuta en el poemario independiente Guijarros & Perlas y destaca en varias antologías y revistas de distribución internacional, consolidándola como una voz latinoamericana emergente.

 

 

KILÓMETROS DE SILENCIO

 

Oscuras interrogantes

En un enjambre desquiciado

Se me aglutinan en el pelo

Y el miedo rodea mi cuello

En circulares homicidas

 

Tu dormida reciedumbre embiste

Derogando promesas y alegrías

Funestas lágrimas turban mi memoria

Y kilómetros de silencio socavan

En mi pecho esta herida encarnizada

 

Pavoroso temblor por dentro me acribilla

Y sólo quiero huir de mí

Para encontrarme contigo

Toma mi mano de una vez y para siempre

Y no desoigas el grito que te nombra

 

Sabrás que junto al mar mi corazón palpita

Remitiendo en tu pecho el dulce corazón que amo

Late y persevera  -reclama su vuelo inmanente-

En tu ausencia no me quedan crepúsculos:

Sin ti los arreboles se apagan de súbito en el cielo

 

 

TRÍPTICO/TRES POEMAS PARA OLVIDAR

 

UNO

 

Por mi parte todo, amor,

Fue dicho y sin embargo

Insiste tu sonrisa

Más allá de todas las cosas

 

Frescor de pétalos matutinos

Constelaciones adormecidas en el cielo

La virtuosa fruta

Ambrosía de fuego y de silencio

 

El rubor de la tarde

El horizonte que en arreboles se derrama

Las sombras que no pueden

Contra el azul de la noche

 

En mis yemas la curvatura

Tibia y blanda de tus labios

La humedad de tu boca

En mi círculo de sueños

 

 

DOS

 

Amor te di –amor– a manos llenas

Y en tu nido de sombras

Pinté de celeste calma los oscuros días

 

Una tentativa de besos

A hurtadillas urdieron mis labios

Para anidar en tu boca su tránsito errante

 

Pero fue drástico el tiempo:

La primigenia pulsión desafiando relojes

Y en el calendario, los días, acatando designios

 

Tardes de mentiras blanquecinas

Tergiversadas siluetas echando al fuego sus raíces

Bocanadas de humo elevando al cielo sus lamentos

 

Enlutada humedad se precipita y no perdona

Tu silencio se estrella, inclemente y rotundo

 

Escarba en mi pecho tu punzante recuerdo

Carcomiendo -a solas- mi corazón trémulo y desnudo

 

Mientras el viento sopla de golpe

Y a mis pies se arremolinan plumas de aves muertas

 

 

TRES

 

Te nombro, amor, y huyo

Huyo de tu nombre

Repitiéndose en el aire

 

Del triste amor que

Grieta-abismo-vendaval

Vino a desordenar

Mis paredes cenicientas

 

Maldigo este dolor

Y el sueño que no llega

En la noche de fantasmas invadida

 

El relámpago que se reparte

En siete espadas sanguinarias

Y las sílabas que todavía

Se me enredan en los labios

 

Murmuraciones a la deriva

Mi latido iracundo y vertebral:

El territorio hirsuto reclamando la flor

 

Cierro los ojos frente al mudo espejo

Indolente sombra se me instala

Y en el revés de los párpados

El sello escalofriante de tu adiós

 

 

 

CASTILLO DE ARENA

 

Tarde entendí que quererte era

Infértil menoscabada primavera

 

Infame malabarista de mis sueños

Aventaste al viento mi amor y mi esperanza

 

De rabia me niego a morir en tu memoria

Y en venganza no te mato todavía

 

Que mariposa eterna sean mis versos

En la maquillada nimiedad de tus palabras

 

Reiterando su eco la desbordante locura

Insistiendo en la penumbra su relumbre silvestre

 

Para que donde quiera que vayas desbaraten

Como una ola, frente a otras, tu castillo de arena

 

Que mariposa eterna sean mis versos

En la indolente luz de tus pupilas

 

Para que en el minuto menos pensado se planten

Como insurgentes fantasmas junto a tu ventana

 

Y acribillen sin piedad tu sueño

En la noche más áspera y urgente

 

 

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