DESIRÉE JIMÉNEZ COLLIE es una autora dominicana. Ha publicado los poemarios Biografía del silencio y El olvido tiene memoria. Su escritura explora el cuerpo, la memoria, el lenguaje y los desplazamientos de la identidad dentro de una poética contemporánea marcada por la materialidad emocional y el silencio.
HAMBRE
Yo me enredé la lengua
cuando ya no quedaban palabras.
La apreté contra los dientes
hasta volverla cicatriz.
Afilé los colmillos
como si fuera a comerme al mundo.
Creí que el mundo
era carne.
Pero era hueso.
Hueso roído.
Hueso viejo
que no sangra.
Nadie aprende a morder
porque esté satisfecho.
Se muerde
cuando el vacío
tiene dientes.
Yo no tenía rabia.
Tenía hambre.
Y el hambre
no pide permiso:
raspa,
insiste,
cruje.
Después una escupe polvo
y finge fortaleza.
Pero el polvo
no alimenta.
CAMINO AL REVÉS
La muerte
era
un trozo de camino
al revés.
No una puerta.
No un final.
Algo más lento.
Más parecido
a escuchar
cómo crujen
los huesos
debajo del cuerpo.
Como si la tierra
aprendiera primero
lo que uno tarda años
en aceptar.
—
Yo sabía
que iba a morir.
Pero el saber
nunca fue el problema.
El problema
era el ruido.
Ese pequeño sonido
que hacen las cosas
cuando empiezan
a ceder.
La madera.
Los dientes.
La memoria.
—
Cada paso
dejaba algo
enterrado.
Algo pequeño.
Blanco.
A veces era el miedo.
A veces el nombre.
A veces una parte
del cuerpo
que seguía caminando
sin darse cuenta
de que ya faltaba.
—
La tierra
aprendió mi peso.
Lo sostuvo.
Lo memorizó.
Como hacen los animales
con el olor
de lo que tarde o temprano
va a regresarles.
—
Y aun así,
seguí.
Como si el cuerpo
ignorara su destino.
Como si los huesos
todavía creyeran
en la carne.
Como si la carne
no supiera ya
que estaba sola.
—
Después
el camino empezó
a borrarse.
No adelante.
Debajo.
Primero el sonido.
Luego la forma.
Después el esfuerzo
de sostenerse.
—
Hasta que algo
se detuvo.
No el corazón.
El ruido.
Ese crujido mínimo
que venía siguiéndome
desde el principio.
—
Y cuando miré atrás,
ya no había
camino.
Solo había
dientes.
EN NEGATIVO
No,
ya no.
Sombra,
no recites mis pasos
como una letanía.
No deshojes
mis formas.
No te burles
de mi luz.
No me sigas
por los bordes.
Ni aprendas
mi manera
de caer.
Hay algo
que todavía
no te pertenece:
la forma
en que me sostengo
cuando no estoy.
No eres tú
la que me sigue.
Soy yo
la que dejó
de dejarte.
PARECERSE
El telón
se abrió,
como se abre
un pantalón
en las costuras.
—Alguien gritó:
empezó la función—
Después de
tres cuartos
de hora,
no entendía
nada.
No sabía
si eran los otros
los que no sabían
lo que hacían,
o si era yo,
extraviada,
sola.
El rumbo
había escapado
de mi cabeza.
Pero la razón
seguía ahí.
Sentada
en primera fila.
Mirando fijo.
Como esas personas
que no aplauden
ni se van.
El escenario
seguía cambiando
de forma.
Las voces
entraban tarde.
Los cuerpos
parecían aprender
otro idioma.
Aun así,
nadie detuvo
la obra.
Ni siquiera
cuando empezó
a parecerse
demasiada
a la vida.