90. Año 11 | 1.ª Ed. Quincenal May. 2026 | DESIRÉE JIMÉNEZ COLLIE – Camino al revés

DESIRÉE JIMÉNEZ COLLIE es una autora dominicana. Ha publicado los poemarios Biografía del silencio y El olvido tiene memoria. Su escritura explora el cuerpo, la memoria, el lenguaje y los desplazamientos de la identidad dentro de una poética contemporánea marcada por la materialidad emocional y el silencio.

 

 

 

 

 

HAMBRE 

 

Yo me enredé la lengua

cuando ya no quedaban palabras.

 

La apreté contra los dientes

hasta volverla cicatriz.

 

Afilé los colmillos

como si fuera a comerme al mundo.

 

Creí que el mundo

era carne.

 

Pero era hueso.

Hueso roído.

Hueso viejo

que no sangra.

 

Nadie aprende a morder

porque esté satisfecho.

 

Se muerde

cuando el vacío

tiene dientes.

 

Yo no tenía rabia.

Tenía hambre.

 

Y el hambre

no pide permiso:

raspa,

insiste,

cruje.

 

Después una escupe polvo

y finge fortaleza.

 

Pero el polvo

no alimenta.

 

 

 

CAMINO AL REVÉS 

 

La muerte

era

 

un trozo de camino

al revés.

 

No una puerta.

 

No un final.

 

Algo más lento.

 

Más parecido

a escuchar

 

cómo crujen

los huesos

debajo del cuerpo.

 

Como si la tierra

aprendiera primero

lo que uno tarda años

en aceptar.

 

 

Yo sabía

que iba a morir.

 

Pero el saber

nunca fue el problema.

 

El problema

era el ruido.

 

Ese pequeño sonido

que hacen las cosas

cuando empiezan

a ceder.

 

La madera.

 

Los dientes.

 

La memoria.

 

 

Cada paso

dejaba algo

enterrado.

 

Algo pequeño.

 

Blanco.

 

A veces era el miedo.

 

A veces el nombre.

 

A veces una parte

del cuerpo

que seguía caminando

sin darse cuenta

de que ya faltaba.

 

 

La tierra

aprendió mi peso.

 

Lo sostuvo.

 

Lo memorizó.

 

Como hacen los animales

con el olor

de lo que tarde o temprano

va a regresarles.

 

 

Y aun así,

seguí.

 

Como si el cuerpo

ignorara su destino.

 

Como si los huesos

todavía creyeran

en la carne.

 

Como si la carne

no supiera ya

que estaba sola.

 

 

Después

el camino empezó

a borrarse.

 

No adelante.

 

Debajo.

 

Primero el sonido.

 

Luego la forma.

 

Después el esfuerzo

de sostenerse.

 

 

Hasta que algo

se detuvo.

 

No el corazón.

 

El ruido.

 

Ese crujido mínimo

que venía siguiéndome

desde el principio.

 

 

Y cuando miré atrás,

 

ya no había

camino.

 

Solo  había

dientes.

 

 

 

 

EN NEGATIVO 

 

No,

ya no.

 

Sombra,

no recites mis pasos

como una letanía.

 

No deshojes

mis formas.

 

No te burles

de mi luz.

 

No me sigas

por los bordes.

 

Ni aprendas

mi manera

de caer.

 

Hay algo

que todavía

no te pertenece:

 

la forma

en que me sostengo

cuando no estoy.

 

No eres tú

la que me sigue.

 

Soy yo

la que dejó

de dejarte.

 

 

 

PARECERSE

 

El telón

se abrió,

 

como se abre

un pantalón

en las costuras.

 

—Alguien gritó:

empezó la función—

 

Después de

tres cuartos

de hora,

 

no entendía

nada.

 

No sabía

si eran los otros

 

los que no sabían

lo que hacían,

 

o si era yo,

 

extraviada,

sola.

 

El rumbo

había escapado

de mi cabeza.

 

Pero la razón

seguía ahí.

 

Sentada

en primera fila.

 

Mirando fijo.

 

Como esas personas

que no aplauden

ni se van.

 

El escenario

seguía cambiando

de forma.

 

Las voces

entraban tarde.

 

Los cuerpos

parecían aprender

otro idioma.

 

Aun así,

 

nadie detuvo

la obra.

 

Ni siquiera

cuando empezó

a parecerse

demasiada

a la vida.

 

 

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