91. Año 11 | 2.ª Ed. Quincenal May. 2026 | JULIANA FAJARDO – Nosotros

JULIANA FAJARDO nació hace poco más de dos décadas en Cali, Colombia, donde actualmente reside. Es licenciada en Literatura y ha publicado cuatro de sus poemas en revistas digitales de poesía (Azul Oscuro, El Enjambre) y dos en una antología física titulada Susurro de pasiones (Editorial Mítico, 2024). Se encuentra en Instagram como @julianacibernauta.

 

 

Nosotros

 

Lo que hay entre nosotros

nunca puede decirse.

Es un péndulo

o quizás un espejo.

 

Pero escondes las voces que te hablan de noche,

yo te he visto enterrarlas debajo de almohadas.

Y tu lengua no olvida que ha entrado en mi boca

porque a veces la escuchas decir mis palabras.

 

Tu vida apurada sacude cocteles

y encauza sus ríos en mármoles viejos,

mas luego en la calma de una luna llena

regresas a casa pensando en mis besos.

 

Mirada de lobo, de hábil forastero,

de extraño en los trenes que paran en casa,

vendiendo caricias que no valen nada

a cambio de historias que luego subastas.

 

 

Volver

 

Hoy has retornado

al vecindario

de las casas como tumbas

pero no has traído flores.

 

Por la puerta ves un libro

con las páginas borrosas,

en la pared el rostro

de algún sueño incumplido.

 

El sucio gris te cae

en costras lapidarias:

las fachadas te demandan

que las vuelvas a pintar.

 

Los jóvenes se mueven,

le mienten al viento;

la mamá de alguien

los contempla resignada.

 

Observas a una anciana

entregada a llorar,

pronunciando un murmullo

como mantra o letanía.

 

La música lejana,

constante y vulgar,

enmascara con sonrisas

los gemidos moribundos.

 

El olor a limpiador

y a nicotina

se te cuela en el cerebro

obnubilado de licor.

 

Un viaje de mal gusto

te parece esta escena,

la nostalgia te devuelve

al pasado que negaste.

 

No es la bella bohemia

ni el cuadro de Lautrec,

es tu barrio olvidado

por la gente que importa.

 

 

Poema del final

 

El último sorbo

de un viejo veneno,

soldado avisado

que sigue muriendo.

Lo miro de lejos

y luego de cerca:

su cuadro patético

pide clemencia.

 

Hay gente que asume

esas formas de vida,

se dijo juzgando

un reflejo en la calle.

Detalles absurdos,

gestiones perdidas,

las noches que engaña

entre luces y humo.

 

«No soy lo que era»,

así se lamenta;

«no soy lo que era»

es mi canto de guerra.

Mis ojos solían

doler de buscarlo,

de hurgar los caminos

pensando en su rostro.

 

Quedó todo claro,

fue tiempo extraviado,

de una época ilusa

a la que he dado muerte.

De cuando también

solía ser como ellas:

sonrisa de ingenua

aplaudiendo

algo inerte.

 

 

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