JULIANA FAJARDO nació hace poco más de dos décadas en Cali, Colombia, donde actualmente reside. Es licenciada en Literatura y ha publicado cuatro de sus poemas en revistas digitales de poesía (Azul Oscuro, El Enjambre) y dos en una antología física titulada Susurro de pasiones (Editorial Mítico, 2024). Se encuentra en Instagram como @julianacibernauta.
Nosotros
Lo que hay entre nosotros
nunca puede decirse.
Es un péndulo
o quizás un espejo.
Pero escondes las voces que te hablan de noche,
yo te he visto enterrarlas debajo de almohadas.
Y tu lengua no olvida que ha entrado en mi boca
porque a veces la escuchas decir mis palabras.
Tu vida apurada sacude cocteles
y encauza sus ríos en mármoles viejos,
mas luego en la calma de una luna llena
regresas a casa pensando en mis besos.
Mirada de lobo, de hábil forastero,
de extraño en los trenes que paran en casa,
vendiendo caricias que no valen nada
a cambio de historias que luego subastas.
Volver
Hoy has retornado
al vecindario
de las casas como tumbas
pero no has traído flores.
Por la puerta ves un libro
con las páginas borrosas,
en la pared el rostro
de algún sueño incumplido.
El sucio gris te cae
en costras lapidarias:
las fachadas te demandan
que las vuelvas a pintar.
Los jóvenes se mueven,
le mienten al viento;
la mamá de alguien
los contempla resignada.
Observas a una anciana
entregada a llorar,
pronunciando un murmullo
como mantra o letanía.
La música lejana,
constante y vulgar,
enmascara con sonrisas
los gemidos moribundos.
El olor a limpiador
y a nicotina
se te cuela en el cerebro
obnubilado de licor.
Un viaje de mal gusto
te parece esta escena,
la nostalgia te devuelve
al pasado que negaste.
No es la bella bohemia
ni el cuadro de Lautrec,
es tu barrio olvidado
por la gente que importa.
Poema del final
El último sorbo
de un viejo veneno,
soldado avisado
que sigue muriendo.
Lo miro de lejos
y luego de cerca:
su cuadro patético
pide clemencia.
Hay gente que asume
esas formas de vida,
se dijo juzgando
un reflejo en la calle.
Detalles absurdos,
gestiones perdidas,
las noches que engaña
entre luces y humo.
«No soy lo que era»,
así se lamenta;
«no soy lo que era»
es mi canto de guerra.
Mis ojos solían
doler de buscarlo,
de hurgar los caminos
pensando en su rostro.
Quedó todo claro,
fue tiempo extraviado,
de una época ilusa
a la que he dado muerte.
De cuando también
solía ser como ellas:
sonrisa de ingenua
aplaudiendo
algo inerte.