PABLO RAMÍREZ, un ingeniero químico de Guatemala, hijo único, con una sólida pasión en la literatura y la expresión propia, se ha adentrado en diferentes puntos de expresión, creando obras musicales, audiovisuales y escritas. El joven autor muestra una visión permeada por la sensibilidad y la introspección en la realidad y la forma de relacionarse con los demás. Comparte su trabajo en su cuenta de Instagram @pabloramirezr_.
I
Calma inhóspita
Una tras otra cae,
tanto por la gravedad del asunto
como del mundo físico donde nos movemos.
Tan solo miro entre varias ramas
que hay en torrente de vida
que ahora miro me está arrebatando
la mía. Pero ¿qué es mío?
Una hoz de luz atraviesa el jardín
charcos carcajean al son incesante de
un palpitar húmedo. ¿Qué hago ante ella?
Mi corazón pequeño no aguantará
mucho más sin buscar lo que me llena.
II
Invádeme una claridad desconcertada,
una chispa que confina mis haberes,
mis querer, mis finales, mi vivir.
Condúceme una vista, conformada
de parentesco y conquista, de lúcidos
y lacónicos escritos, de la pérfida
vista y el quid angustioso.
Carcomida costumbre que luce nuestros
vestidos, desentrañados ruidos.
III
De párpados caídos y rojizos ríos,
entre el iris y la pupila, érase visto
aquel rostro, que me seguía noche y día
mas no sentía lanza o cobardía
lo había visto tanto que ya extraño no me era.
De siniestros sentidos y fino brío,
entre el paladar y el sonar, muéstrese listo
aquel pecho, que me latía jornada y festín
aún cuando ardían cual serafín
lo había conocido tanto que llano era.
Bellas suntuosas que se me presentaron
Para contemplarles.
Bellas esencias que se me prestaron
Para ceñirles.
Pues no hay más que un raído ser que se encargaría esto.
Más que el puesto.